Gecito Dzuba
Poeta recién llegado
La cafetera al rugir con el sonido familiar
Te llamará reconocer que empezó un nuevo día,
Por la ventana entrara la triste luz a consolar
El último respiro del otoño qué nunca volvería.
Las hojas acababan de bailar el vals de lagrimas rojizas
Por tantos sueños rotos, por el entierro del amor y por el luto.
Tu rostro, tan cansado de fingir la alegría, ya nada mostrará,
Sus besos ya no secarán los ríos, las penas él no te dará.
Tu mano ya no tiembla, la firme voz de la amargura
Frunció el ceño del despido doloroso, luego se largó,
Y el vació tenue apoderando de tu alma como armadura
Te resguarda del peligro de volver a equivocarte pronto.
Tus labios se apartan del sabor caliente del amanecer
y piensas: “¡Tengo que seguir, vivir, comer el mundo!”
- el cosquilleo sientes al mirar con esperanzas al futuro -
“¡Debía yo querer, continuar buscar a encontrar a otro!”
Te llamará reconocer que empezó un nuevo día,
Por la ventana entrara la triste luz a consolar
El último respiro del otoño qué nunca volvería.
Las hojas acababan de bailar el vals de lagrimas rojizas
Por tantos sueños rotos, por el entierro del amor y por el luto.
Tu rostro, tan cansado de fingir la alegría, ya nada mostrará,
Sus besos ya no secarán los ríos, las penas él no te dará.
Tu mano ya no tiembla, la firme voz de la amargura
Frunció el ceño del despido doloroso, luego se largó,
Y el vació tenue apoderando de tu alma como armadura
Te resguarda del peligro de volver a equivocarte pronto.
Tus labios se apartan del sabor caliente del amanecer
y piensas: “¡Tengo que seguir, vivir, comer el mundo!”
- el cosquilleo sientes al mirar con esperanzas al futuro -
“¡Debía yo querer, continuar buscar a encontrar a otro!”