Muchas veces al hablarme y en las cosas que me dices;
parece que al escucharte a mi lado está la Virgen.
Le das aliento a mi alma y mi vida reconfortas;
porque siempre suenan bien las palabras de tu boca.
Tú me confundes, mas no es así cuando escribes;
y aunque trate de ignorarlo mi corazón lo percibe.
Te muestras como enojada e inconforme en nuestro amor;
y según lo que tú piensas, olvidarme es lo major.
Yo no te obligo a quererme, pero sabes que te amo;
que mis noches son tinieblas al no tenerte a mi lado.
Que no es un cuento de amor, ni una obra de teatro;
ni tampoco una novela de las que pasan a diario.
Tú me confundes, o me hablas o me escribes,
decídelo cuanto antes que cualquier cosa te acepto;
pero no uses palabras que no estás acostumbrada,
y me envias como escudo apoyando tu pretexto.
Aquí estoy, no bien cae la madrugada;
y si miras tu reloj verás la hora que es,
como mi amor te reclama, cuanto vales para mi;
que antes de ver el sol extremece tu almohada.