avel omaya
Poeta recién llegado
Tengo que hablarles de ella.
De su fresca costumbre de ser siempre mujer.
Las letras de su nombre
son todavía una cicatriz que no se cierra.
No se ha desvanecido el aroma
que aclaró mi alma.
Sus ojos siguen siendo mi horizonte.
Deja que una vez más te nombre,
en la noche desnuda de palabras.
Qué palabra diré que no diga tu nombre,
tu silencio,
el callado dolor de no tenerte...
Avel Omaya.
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