Francisco León Román
Poeta recién llegado
Comencemos por el principio sin imaginar nuestro final.
Cuando te conocí, observé las distintas fases a través de tu esencia.
Lo dulce me confundía con el amargo de un sueño envuelto en tinieblas.
Te notaba más cerca de mí, aún cuando no lo estabas.
Eras tan mía y lo creía así.
Tenías aquel secreto que marcaría mi vida.
Aquellos ojos que confunden y hechizan,
de tal forma que el verde se equipara al azul y viceversa.
Los matices detrás pierden sentido,
pues no son únicamente una gama de colores,
tienen aquel efecto penetrante que emana vida o despoja de ella.
Todo depende de ese ser capaz de manipular las tonalidades a su gusto,
según sus pretensiones.
Pese a que nos encontramos entre aquel enigma de lo bueno y lo malo,
quiero pedirte un deseo, quizá pura veleidad.
Abrázame hasta impregnarme de aquella esencia,
aquel perfume que se instaura y no se borra,
aquel que eres incapaz de olvidar pese a la distancia.
Quiero envolverme en ti, aunque solo sea un instante.
Pues como todo, los perfumes se apagan y pierden su esencia original,
así fuimos tú y yo.
Nos llenamos el uno al otro de esencias.
Las cuales marcaron el inicio y el fin de nuestra relación.
No quisiera llamarle fin, aún no lo considero.
Deberías dedicarte a generar esencias inmortales,
porque la tuya en mí no se desvanece, ese es tu mayor invento.
Cuando te conocí, observé las distintas fases a través de tu esencia.
Lo dulce me confundía con el amargo de un sueño envuelto en tinieblas.
Te notaba más cerca de mí, aún cuando no lo estabas.
Eras tan mía y lo creía así.
Tenías aquel secreto que marcaría mi vida.
Aquellos ojos que confunden y hechizan,
de tal forma que el verde se equipara al azul y viceversa.
Los matices detrás pierden sentido,
pues no son únicamente una gama de colores,
tienen aquel efecto penetrante que emana vida o despoja de ella.
Todo depende de ese ser capaz de manipular las tonalidades a su gusto,
según sus pretensiones.
Pese a que nos encontramos entre aquel enigma de lo bueno y lo malo,
quiero pedirte un deseo, quizá pura veleidad.
Abrázame hasta impregnarme de aquella esencia,
aquel perfume que se instaura y no se borra,
aquel que eres incapaz de olvidar pese a la distancia.
Quiero envolverme en ti, aunque solo sea un instante.
Pues como todo, los perfumes se apagan y pierden su esencia original,
así fuimos tú y yo.
Nos llenamos el uno al otro de esencias.
Las cuales marcaron el inicio y el fin de nuestra relación.
No quisiera llamarle fin, aún no lo considero.
Deberías dedicarte a generar esencias inmortales,
porque la tuya en mí no se desvanece, ese es tu mayor invento.
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