Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Cierre magistral,
de sonatas arrebatadas,
por la codicia de un bastardo,
arrinconando la decencia,
que nunca existió del todo,
Espada desenvainada,
para cortar la pulpa del pecado,
que excita más al cobarde,
y ofende al valiente,
Bandera sangrante,
entre maderos de tortura,
con la esperanza vana,
de comprender lo que se acerca,
envuelto en llamas,
envuelto en misterio,
Ni profetas ni adivinos,
creerán lo que encierra,
el portento celeste,
que acarrea la muerte,
con hoz larga y profunda...
Copas de sangre,
coagulada santificada,
levantada en pos de los ciegos,
ratas inmundas con capa de humanos,
Cierran las puertas,
los cancerberos infernales,
sometidos a la gracia...
a la soberbia majestad,
de magnífico duque...
de rojos ropajes...
Cabello negro,
seducido por el viento,
que acaricia sus mechones...
Heme aquí,
raza austera y miserable,
cordones de acero,
pendientes de oro,
con la certeza de ser... quien soy...
Múltiples gritos,
que otorguen la paz,
a un corazón atormentado,
en el infierno, en el cielo,
preguntando por siempre,
¿Que tan grande es tu obra?
Si miramos el abismo,
con sonrisa tosca y burlona,
armado solo de miedo,
respirando arrozales en fuego,
con el diamante pedido,
que ciñó su corona,
como Silmaril brillante...
Corte de cabeza,
al idiota portero,
sangría a los muertos,
para recuperar lo que es...
¿Acaso comprendes mis palabras?
Siniestras melodías,
entre árboles marcadas,
como terreno provechoso,
para la buena caza...
Vientos solemnes,
ritos paganos... alimento de dioses,
Baco entre ellos,
bebiendo de la teta de la vid...
Cuernos benditos de miel,
Hambruna confusa de sentimientos,
¿No son felices en el Olimpo?
si la razón del nacer viene de él,
poderoso Zeus... cobarde tirano...
Rayo partido,
de una noche lóbrega y misteriosa,
que cargue por siempre la culpa,
de una descarga intravenosa,
con el púlpito reventado,
de sarnosos con sotana...
Si mis palabras os nublan,
¡Malditos sean sus ojos!
si mis palabras ofenden
¡No eran suficientes para mí!
¿Condenados?... ¡Necios estúpidos!
Nauseas corroen mi garganta,
para escupirles la pus,
esa que tanto han guardado,
para rematar con sus corazones perdidos,
en las nieblas del fango...
Fatuas y lejanas distancias,
con la luz de un amanecer oscuro,
entre Lunas sangrantes,
con la fe de un borrego,
a punto de ir con el lobo,
¿Tierna caperuza?
o seductora princesa...
que devora a la serpiente,
entre piernas pudorosas,
que fueron mordidas por mí...
Sangre torrencial,
mares rojos...
¡Viva mi vida!
¡Larga vida a la Bestia!
que al fin y al cabo...
Soy yo... eres tu...
sin pena ni susto solo lo que es...
Entre macabros huesos,
entre memorias secas...
¡Viva la vida!
¡Muerte al idiota!
Que viva la esperanza,
mientras el oro no falte,
mientras el pan sea bueno,
por que hoy... ¡pierdes!
L.V.
de sonatas arrebatadas,
por la codicia de un bastardo,
arrinconando la decencia,
que nunca existió del todo,
Espada desenvainada,
para cortar la pulpa del pecado,
que excita más al cobarde,
y ofende al valiente,
Bandera sangrante,
entre maderos de tortura,
con la esperanza vana,
de comprender lo que se acerca,
envuelto en llamas,
envuelto en misterio,
Ni profetas ni adivinos,
creerán lo que encierra,
el portento celeste,
que acarrea la muerte,
con hoz larga y profunda...
Copas de sangre,
coagulada santificada,
levantada en pos de los ciegos,
ratas inmundas con capa de humanos,
Cierran las puertas,
los cancerberos infernales,
sometidos a la gracia...
a la soberbia majestad,
de magnífico duque...
de rojos ropajes...
Cabello negro,
seducido por el viento,
que acaricia sus mechones...
Heme aquí,
raza austera y miserable,
cordones de acero,
pendientes de oro,
con la certeza de ser... quien soy...
Múltiples gritos,
que otorguen la paz,
a un corazón atormentado,
en el infierno, en el cielo,
preguntando por siempre,
¿Que tan grande es tu obra?
Si miramos el abismo,
con sonrisa tosca y burlona,
armado solo de miedo,
respirando arrozales en fuego,
con el diamante pedido,
que ciñó su corona,
como Silmaril brillante...
Corte de cabeza,
al idiota portero,
sangría a los muertos,
para recuperar lo que es...
¿Acaso comprendes mis palabras?
Siniestras melodías,
entre árboles marcadas,
como terreno provechoso,
para la buena caza...
Vientos solemnes,
ritos paganos... alimento de dioses,
Baco entre ellos,
bebiendo de la teta de la vid...
Cuernos benditos de miel,
Hambruna confusa de sentimientos,
¿No son felices en el Olimpo?
si la razón del nacer viene de él,
poderoso Zeus... cobarde tirano...
Rayo partido,
de una noche lóbrega y misteriosa,
que cargue por siempre la culpa,
de una descarga intravenosa,
con el púlpito reventado,
de sarnosos con sotana...
Si mis palabras os nublan,
¡Malditos sean sus ojos!
si mis palabras ofenden
¡No eran suficientes para mí!
¿Condenados?... ¡Necios estúpidos!
Nauseas corroen mi garganta,
para escupirles la pus,
esa que tanto han guardado,
para rematar con sus corazones perdidos,
en las nieblas del fango...
Fatuas y lejanas distancias,
con la luz de un amanecer oscuro,
entre Lunas sangrantes,
con la fe de un borrego,
a punto de ir con el lobo,
¿Tierna caperuza?
o seductora princesa...
que devora a la serpiente,
entre piernas pudorosas,
que fueron mordidas por mí...
Sangre torrencial,
mares rojos...
¡Viva mi vida!
¡Larga vida a la Bestia!
que al fin y al cabo...
Soy yo... eres tu...
sin pena ni susto solo lo que es...
Entre macabros huesos,
entre memorias secas...
¡Viva la vida!
¡Muerte al idiota!
Que viva la esperanza,
mientras el oro no falte,
mientras el pan sea bueno,
por que hoy... ¡pierdes!
L.V.