sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tu que me mirabas.
Desde una ventana.
Te veía sonriendo.
Mi amor yo te daba.
Tu que me mirabas.
Mientras, yo soñaba.
Me veías sonriendo.
Nuestro ardor ya no cesaba.
Miradas, esas que no olvidaba.
Miradas, que no caducaban.
Tu que me mirabas.
Desde todos los lugares.
Volví a mírate.
Ya no decíamos nada.
Pues nuestros ojos ya hablaban.
Y todo por mirarte desde el cielo,
que más amaba.
Pues muerto he quedado,
al verme desnudo,
ante el sol más templado.
Tu que me mirabas.
Yo que te bailaba.
Tu que me añorabas.
Yo que te cantaba.
Para nunca quedar atrapado.
Entre lo que más me amenazaba.
Lo cual me marchitaba.
Para no ver más tu cara.
Pero mi nombre no se borraba.
Pues tu mente me lo recordaba.
Tu que me mirabas.
Solo tu veías.
Solo tu soñabas.
Mi alma solo estaba,
donde la suerte me ayudaba.
La cual tu mandabas,
para poder llegar,
hasta donde nuestros corazones nos guiaban.
Tu que me mirabas.
Brillando entre las emociones,
que más admiraba.
Las cuales me llevaban,
a donde tus lágrimas me bañaban.
Tu que me mirabas.
Para siempre animarme.
Tu que me mirabas.
Para siempre poder amarte.
Así siempre guardaba,
mis momentos que más recordaba.
Así tu me mirabas.
Para hacer del mundo una vida,
que nunca acababa.
Una vida.
Una mirada.
Desde una ventana.
Te veía sonriendo.
Mi amor yo te daba.
Tu que me mirabas.
Mientras, yo soñaba.
Me veías sonriendo.
Nuestro ardor ya no cesaba.
Miradas, esas que no olvidaba.
Miradas, que no caducaban.
Tu que me mirabas.
Desde todos los lugares.
Volví a mírate.
Ya no decíamos nada.
Pues nuestros ojos ya hablaban.
Y todo por mirarte desde el cielo,
que más amaba.
Pues muerto he quedado,
al verme desnudo,
ante el sol más templado.
Tu que me mirabas.
Yo que te bailaba.
Tu que me añorabas.
Yo que te cantaba.
Para nunca quedar atrapado.
Entre lo que más me amenazaba.
Lo cual me marchitaba.
Para no ver más tu cara.
Pero mi nombre no se borraba.
Pues tu mente me lo recordaba.
Tu que me mirabas.
Solo tu veías.
Solo tu soñabas.
Mi alma solo estaba,
donde la suerte me ayudaba.
La cual tu mandabas,
para poder llegar,
hasta donde nuestros corazones nos guiaban.
Tu que me mirabas.
Brillando entre las emociones,
que más admiraba.
Las cuales me llevaban,
a donde tus lágrimas me bañaban.
Tu que me mirabas.
Para siempre animarme.
Tu que me mirabas.
Para siempre poder amarte.
Así siempre guardaba,
mis momentos que más recordaba.
Así tu me mirabas.
Para hacer del mundo una vida,
que nunca acababa.
Una vida.
Una mirada.