Nicolas Bera
Poeta recién llegado
Eras pequeña aquella vez cuando
te hacías grande, subías y bajabas
el eslabón de la vidriera, el reflejo
aún dramatiza tu cuerpo encarnecido.
Tú, que oscura como un rayo.
Tú, que oscura y suelta.
Tú, que oscura besas.
Tú, que oscura amas.
Un día en mi parnaso son los siglos en mis versos,
acumular la ausencia dentro de un vaso sinfín,
tomar a cuesta el peso entrañable de aventarse
en él; cayendo infinitamente por donde el amor perece.
Pequeña eras cuando te hacías grande.
Beso medieval cuan dimensiones, la
hermosura desbordada por tus labios
desdibujan tu aroma y engrandecen tu cuerpo.
Tú que estás oscura como un bostezo de luz,
tú que haces grande éste pequeño espacio,
tú que describes los designios del amor.
A ti que no he tocado, a ti que encontrarás
la verdad como reflejo,
como un lazo infinito,
sedientos de ti los días,
atardeceres benditos.
Tu retorno reconoce lo que vi algún día.
Lo siento, he sanado, han pasado diez otoños,
y ya no eres la misma,
y ya no te conozco,
estás palidecida,
un poco asustada,
no hay fiesta en tus ojos,
ni el rojo de tu boca,
ni el largo de tus manos,
ni el oscuro de tu voz.
te hacías grande, subías y bajabas
el eslabón de la vidriera, el reflejo
aún dramatiza tu cuerpo encarnecido.
Tú, que oscura como un rayo.
Tú, que oscura y suelta.
Tú, que oscura besas.
Tú, que oscura amas.
Un día en mi parnaso son los siglos en mis versos,
acumular la ausencia dentro de un vaso sinfín,
tomar a cuesta el peso entrañable de aventarse
en él; cayendo infinitamente por donde el amor perece.
Pequeña eras cuando te hacías grande.
Beso medieval cuan dimensiones, la
hermosura desbordada por tus labios
desdibujan tu aroma y engrandecen tu cuerpo.
Tú que estás oscura como un bostezo de luz,
tú que haces grande éste pequeño espacio,
tú que describes los designios del amor.
A ti que no he tocado, a ti que encontrarás
la verdad como reflejo,
como un lazo infinito,
sedientos de ti los días,
atardeceres benditos.
Tu retorno reconoce lo que vi algún día.
Lo siento, he sanado, han pasado diez otoños,
y ya no eres la misma,
y ya no te conozco,
estás palidecida,
un poco asustada,
no hay fiesta en tus ojos,
ni el rojo de tu boca,
ni el largo de tus manos,
ni el oscuro de tu voz.
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