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Hola ferra, hay gente así, con esa luz que los hace diferentes, especiales, tan libres que no todos los podemos seguir, pero en todo caso queda su huella imborrable y el bello recuerdo de lo que fue. Un abrazo y muchas gracias por pasar a leerme y comentar con tanta generosidad.Hay seres que están predestinados a tocarnos con su presencia, buscando enseñarnos a volar más alto, quizás no era el momento no estabas preparada para seguir en su vuelo, son experiencias de vida que van quedando en nuestro camino por esta vida. MUY BELLO, REFLEXIVO Y FLUIDO tu poema. TE ENVIO UN SALUDO GRANDE Y AFECTUOSO. DESEANDOTE SIEMPRE LO MEJOR DE LA VIDA Y DEL AMOR. Hasta luego compañera Poetisa y de letras.
Hola Eladio, llevas razón en que no hay que tener miedo, pero a veces es difícil no tenerlo y dejamos que nos paralice y nos limite. Gracias por pasarte por aquí de vez en cuando y por comentar con tanta generosidad, un beso.Aunque seáis dos seres diferentes
seguro Esther que será posible el amor
que lleváis luz en vuestros corazones.
Un beso, no debemos tener miedo en dar el paso que nos lleve a la felicidad
aunque claro que es posible que nos equivoquemos.
Hola Sila, que malo es el miedo, cuanto limita, cómo paraliza...Me encanta que te hayas detenido en mi poema, muchas gracias y un beso.Un poema conmovedor. Te hace pensar acerca de tener miedo a levantar el vuelo![]()
Que bello poema, quede enganchada en tus letras un gusto enorme leerte un abrazo eterno LiliTu querías entonces
regalarme unas alas.
Unas alas ligeras
que se parecieran a las tuyas.
Pero yo no podía tenerlas.
Tenía miedo.
Tu las tuviste siempre,
solamente bajabas a la tierra
para estar a mi lado.
Pero eso no podía durar siempre.
No así.
Tu eras del aire,
y no te dabas cuenta
de mi incapacidad para volar,
de mi torpeza al querer imitarte,
de mi dolor al darme cuenta
de que mis pies
estaban anclados a la tierra.
Entonces, tu levantabas
el vuelo poco a poco,
querías enseñarme a volar
y procurabas no ir muy lejos, .
ni subir muy alto,
con la esperanza de yo te siguiera,
y mirabas hacia abajo y me llamabas,
pero el miedo aplastaba
mis ansias de seguirte y me paralizaba.
Yo me conformaba con soñar que podía.
Por eso un día que subiste más alto,
el viento te empujó y te llevó
más lejos que otras veces.
Yo miraba desde abajo con tristeza,
sabiendo que esta vez no bajarías.
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