Elendo
Poeta recién llegado
Agarrado a la vida,
entierro el amanecer,
que cosido a puñaladas,
tinta de versos la noche,
agujereando el ramaje,
con el mirar de tus soles,
que abiertos a bocajarro,
traen capazos de ilusiones
para llevarlos en volandas,
por el mar de la esperanza.
Mientras
en el barrizal palpitante de los sueños,
las palabras se arrebujan,
entre tu salvaje pelo,
trajeando de colores
las primaveras tardías,
que a destajo se cuelan,
por la puerta entreabierta,
escondiendo tras su pecho,
el batir del oleaje,
que en su repicar atrapa,
los distraídos corazones,
para anudarlos al querer,
y tornar en risa el llanto
del solitario amanecer.
A hurtadillas entre las nubes,
los recoldos de tu risa,
andan plantando versos
dibujando en finos trazos
mi querer y mi destino,
que a mazazos se reinventa,
después del anochecer,
encerrando en cofres rojos,
el recuerdo de tú piel.
entierro el amanecer,
que cosido a puñaladas,
tinta de versos la noche,
agujereando el ramaje,
con el mirar de tus soles,
que abiertos a bocajarro,
traen capazos de ilusiones
para llevarlos en volandas,
por el mar de la esperanza.
Mientras
en el barrizal palpitante de los sueños,
las palabras se arrebujan,
entre tu salvaje pelo,
trajeando de colores
las primaveras tardías,
que a destajo se cuelan,
por la puerta entreabierta,
escondiendo tras su pecho,
el batir del oleaje,
que en su repicar atrapa,
los distraídos corazones,
para anudarlos al querer,
y tornar en risa el llanto
del solitario amanecer.
A hurtadillas entre las nubes,
los recoldos de tu risa,
andan plantando versos
dibujando en finos trazos
mi querer y mi destino,
que a mazazos se reinventa,
después del anochecer,
encerrando en cofres rojos,
el recuerdo de tú piel.