Camy
Camelia Miranda
De todos los abriles,
éste,
de gorriones surcando el cielo,
de tantos te quiero sosteniendo tu alma,
de madrigales inéditos a tus pies
y el canto de plegarias
arrullando tu sueño.
De todos los otoños,
éste,
que te acuna con el alba,
que acaricia tus plateados cabellos,
y mece la quietud de tus sienes,
consagrándote su diáfana luz
con un nuevo amanecer
y un sendero inmaculado
para viajar en calma.
Y en la llanura verde,
contigo como única prenda,
se iza un coro de voces
desde tus ojos bellos,
tu voz de amada caricia,
desde el jardín de deseos multicolores
en cada una de tus flores esparcidas,
la bendición de tus cálidas manos
y la fortaleza de tu abrazo;
protección de tu fiel destello,
abrigo de tu amor,
en tantas sonrisas que quedaron grabadas,
en el silencio oportuno
y tus sabias palabras.
Queda todo impregnado…
En un indeleble legado;
tallado con tu aroma de suavidad
y el sello de tu alegría como dádiva,
con la ignota caridad de tu corazón
y las imágenes con las que tatuaste
tantos cuadros de vida.
Y no puedo sentir otra cosa,
porque lo que sembraste,
viajó de todas las formas posibles,
como un milagro,
abonando con tu robusta brizna
cada parte de mi ser.
Por siempre tu mirada.
Una llama inextinguible,
en el latido que nos habita…
A Doña Fresia