GonzaloMaire
Poeta recién llegado
Por un momento en mi vida ésta, de ásperas flores que se gastan y se vacían,
yo voy a cerrar mis ojos de espanto y de borbotones
y me olvidaré que soy un fantasma haciendo jirones de frío, y andante, y penado al informe ego,
acompañaré los gritos de animales suicidas
para quienes soy la inútil materia de una noche en silencio, o el temblor de los colibríes
que barren la tierra herida a gotas.
Por un momento en mi vida ésta, extenderé mi substancia de ángel fatigado,
desenredando alambres parecidos a las plumas y crucifijos alados,
espadas amargas que desde mi pecho se renuevan con meses de plomo,
y territorios obscenos.
Lentamente.
Como una carta que sobrevive con el perfume a tus manos de cadáver.
Lentamente.
Como sólo sabrás de mí por el carbón de los perros y una tarde con su color invertido, Lucifer.
Lentamente.
Como acariciando una mejilla sin valor, o un marcalibros muerto de un golpe de olvido, respirando
el tiempo en espirales, haciendo con nuestros nombres el amor amando.
Lentamente.
¿Qué puedo yo decirte ya sin más que decir, qué puedo darte sin que tú lo supieras,
y sufrir y amar en tu memoria y sufrir desde ti y desde ti amar, y desde ti a los demás
que como tú, mueren, nacen, florecen
y van a través de nuestras relampagueantes vidas, poblando la luz extensa del tiempo y las calles?
Quiero pensar en muchas cosas, y yo quiero que tú vivas o mueras en esas cosas.
yo voy a cerrar mis ojos de espanto y de borbotones
y me olvidaré que soy un fantasma haciendo jirones de frío, y andante, y penado al informe ego,
acompañaré los gritos de animales suicidas
para quienes soy la inútil materia de una noche en silencio, o el temblor de los colibríes
que barren la tierra herida a gotas.
Por un momento en mi vida ésta, extenderé mi substancia de ángel fatigado,
desenredando alambres parecidos a las plumas y crucifijos alados,
espadas amargas que desde mi pecho se renuevan con meses de plomo,
y territorios obscenos.
Lentamente.
Como una carta que sobrevive con el perfume a tus manos de cadáver.
Lentamente.
Como sólo sabrás de mí por el carbón de los perros y una tarde con su color invertido, Lucifer.
Lentamente.
Como acariciando una mejilla sin valor, o un marcalibros muerto de un golpe de olvido, respirando
el tiempo en espirales, haciendo con nuestros nombres el amor amando.
Lentamente.
¿Qué puedo yo decirte ya sin más que decir, qué puedo darte sin que tú lo supieras,
y sufrir y amar en tu memoria y sufrir desde ti y desde ti amar, y desde ti a los demás
que como tú, mueren, nacen, florecen
y van a través de nuestras relampagueantes vidas, poblando la luz extensa del tiempo y las calles?
Quiero pensar en muchas cosas, y yo quiero que tú vivas o mueras en esas cosas.