Diana Krauter
Poeta Reconocido
No estoy acostumbrada a tu silencio
ni al desdibuje de las líneas encorvadas,
con las flores de tu ropaje al viento
y el grandísimo mar de tus palabras.
Ando recogiendo las migajas del camino
con la luz de las estrellas como llamas,
que flamantes eclipsaron los destinos
al haberse asi, encontrado las miradas.
Tengo ojos en los brazos y las piernas
con los dedos como higueras, desatados
que te buscan en rincones azulados
y presienten el asomo de tu esencia.
En mi ombligo aún palpita la luna llena
de la mezcla de mi noche y tus estrellas;
me adornaste con figuras emblemáticas
y yo te hice en melodía de princesas.
Eres el orbe en mi lamento de sirena,
tu ausencia la arena que reseca mis pies.
De la humedad ingrávida de lluvias raudas,
todo es seco, como un mundo de papel.
ni al desdibuje de las líneas encorvadas,
con las flores de tu ropaje al viento
y el grandísimo mar de tus palabras.
Ando recogiendo las migajas del camino
con la luz de las estrellas como llamas,
que flamantes eclipsaron los destinos
al haberse asi, encontrado las miradas.
Tengo ojos en los brazos y las piernas
con los dedos como higueras, desatados
que te buscan en rincones azulados
y presienten el asomo de tu esencia.
En mi ombligo aún palpita la luna llena
de la mezcla de mi noche y tus estrellas;
me adornaste con figuras emblemáticas
y yo te hice en melodía de princesas.
Eres el orbe en mi lamento de sirena,
tu ausencia la arena que reseca mis pies.
De la humedad ingrávida de lluvias raudas,
todo es seco, como un mundo de papel.
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