Bender Carvajal
Poeta recién llegado
De tu sonrisa y tú
prendado están los unicornios
y girando envuelven los astros
desahuciados como el averno,
de ese clavo en tu boca
donde cuelga persistente hechizo
está mi anhelo
detenido por voluntad impropia;
beso que no te beso,
sal de pestañas que no te asedio,
quisiera martillar tu boca
y de ti crucificar este verso llano
para no tener que matarte
cada vez que me miras y yo me muero.
Tu sonrisa y tú
perturbadoramente atadas
estrechez que deambula
entre tanto olivo intenso
mientras etílica y espumante
a lo lejos te desgrano
penitente con estas ganas
de sólo uno, un insuperable beso.
Tu sonrisa y tú
de las montañas y los cóndores
nidal de huevos azules
alfombrada de nubes
y soberana como la ira,
estás en sueño desmantelada
y convertida en piel jauría celo,
fusiladora de quietudes,
florecida como las parras
se quedaron tus ojos
levitando por esta triste vida mía
que con tu sonrisa y tú
está censurada a corromper
la perseverancia con que me dejas ir.
Aciértame y deja la estocada
de tu perfume adicto
que del aroma de tus ojos
no he sobrevivido
si no tan sólo para que me dejaran ciego,
aquí donde la aurora prima
e intangible se vuelven
estos músculos petrificados
cada vez que tu sonrisa
entre la multitud asoma
y se me pone radiactivo el verbo
y sosegado queda
el mundo entero,
pues si me fuera de vuelo
tuviera que ser
por esa sonrisa tuya
que esclavo me tiene
de ese cántaro perfecto
y donde incinerado
sobre tu piel de mar
con esta sangre de ceniza
quisiera yo ser derramado.
prendado están los unicornios
y girando envuelven los astros
desahuciados como el averno,
de ese clavo en tu boca
donde cuelga persistente hechizo
está mi anhelo
detenido por voluntad impropia;
beso que no te beso,
sal de pestañas que no te asedio,
quisiera martillar tu boca
y de ti crucificar este verso llano
para no tener que matarte
cada vez que me miras y yo me muero.
Tu sonrisa y tú
perturbadoramente atadas
estrechez que deambula
entre tanto olivo intenso
mientras etílica y espumante
a lo lejos te desgrano
penitente con estas ganas
de sólo uno, un insuperable beso.
Tu sonrisa y tú
de las montañas y los cóndores
nidal de huevos azules
alfombrada de nubes
y soberana como la ira,
estás en sueño desmantelada
y convertida en piel jauría celo,
fusiladora de quietudes,
florecida como las parras
se quedaron tus ojos
levitando por esta triste vida mía
que con tu sonrisa y tú
está censurada a corromper
la perseverancia con que me dejas ir.
Aciértame y deja la estocada
de tu perfume adicto
que del aroma de tus ojos
no he sobrevivido
si no tan sólo para que me dejaran ciego,
aquí donde la aurora prima
e intangible se vuelven
estos músculos petrificados
cada vez que tu sonrisa
entre la multitud asoma
y se me pone radiactivo el verbo
y sosegado queda
el mundo entero,
pues si me fuera de vuelo
tuviera que ser
por esa sonrisa tuya
que esclavo me tiene
de ese cántaro perfecto
y donde incinerado
sobre tu piel de mar
con esta sangre de ceniza
quisiera yo ser derramado.