Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
tu sonrisa, ave de mi agüero,
la aprendí en mis labios conjuro de tu nombre,
en el apretarlos fuerte para no soltar
alguna pendejada cuando no has llegado,
cuando paso por tu calle y la estela de tu
aroma me indica que me llevas cuadras de
ventaja y el bromista viento no me dice para donde,
la aprendí mirándote tus ojos de
salmos y buenaventura,
rozando con mi rostro tu aliento
y el aroma de tu hirsuta cabellera,
lo aprendí al mirar tus pasos de pantera
y tu espalda con sus alas de tocar mi alma,
la aprendí completo en unas horas,
en una vuelta,
en un par de aceitunas navegandome una historia,
tu sonrisa, melodía sin fin,
la aprendí en tu vientre de colmena
y en las piernas que me tiemblan,
que me espantan,
que se adueñan de mi cuerpo
cuando quiero irme para allá,
y ellas descaradas se regresan a tu vera.
Due 26.2.11 en una tarde viendo que el tiempo ya no lo hacen como antes que rendía horrores, un suspiro más y ya estará aquí la primavera.
la aprendí en mis labios conjuro de tu nombre,
en el apretarlos fuerte para no soltar
alguna pendejada cuando no has llegado,
cuando paso por tu calle y la estela de tu
aroma me indica que me llevas cuadras de
ventaja y el bromista viento no me dice para donde,
la aprendí mirándote tus ojos de
salmos y buenaventura,
rozando con mi rostro tu aliento
y el aroma de tu hirsuta cabellera,
lo aprendí al mirar tus pasos de pantera
y tu espalda con sus alas de tocar mi alma,
la aprendí completo en unas horas,
en una vuelta,
en un par de aceitunas navegandome una historia,
tu sonrisa, melodía sin fin,
la aprendí en tu vientre de colmena
y en las piernas que me tiemblan,
que me espantan,
que se adueñan de mi cuerpo
cuando quiero irme para allá,
y ellas descaradas se regresan a tu vera.
Due 26.2.11 en una tarde viendo que el tiempo ya no lo hacen como antes que rendía horrores, un suspiro más y ya estará aquí la primavera.
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