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Tú tienes la culpa

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Tú tienes la culpa
de que la vida me duela distinto,
de que el aire sepa a tus manos
y de que el mundo entero huela a tu cabello.

Tú, con esa sonrisa que no pedí,
con esos ojos que hablan idiomas que no entiendo
y con esa forma de existir,
tan simple y tan jodidamente perfecta.

Tú tienes la culpa de que mis noches
sean más largas y mis días más cortos,
de que el café sepa a despedida
y el silencio a canción.

Porque te metiste donde no debías,
entre las grietas de mis miedos,
en la humedad de mis sueños,
en el rincón exacto donde guardo
todo lo que jamás me atreví a sentir.

Ahora qué hago contigo,
con tus risas, con tus manos,
con tu nombre que no deja de golpearme
el pecho como un tambor de guerra.

Tú tienes la culpa de todo esto,
de que me enamorara sin permiso,
sin defensas, sin remedio,
como se enamoran los que ya lo han perdido todo
y no les importa el precio.

Pero ¿sabes qué?
Qué bendita culpa la tuya,
qué bendito
el desastre
que eres en mi vida.
 
Tú tienes la culpa
de que la vida me duela distinto,
de que el aire sepa a tus manos
y de que el mundo entero huela a tu cabello.

Tú, con esa sonrisa que no pedí,
con esos ojos que hablan idiomas que no entiendo
y con esa forma de existir,
tan simple y tan jodidamente perfecta.

Tú tienes la culpa de que mis noches
sean más largas y mis días más cortos,
de que el café sepa a despedida
y el silencio a canción.

Porque te metiste donde no debías,
entre las grietas de mis miedos,
en la humedad de mis sueños,
en el rincón exacto donde guardo
todo lo que jamás me atreví a sentir.

Ahora qué hago contigo,
con tus risas, con tus manos,
con tu nombre que no deja de golpearme
el pecho como un tambor de guerra.

Tú tienes la culpa de todo esto,
de que me enamorara sin permiso,
sin defensas, sin remedio,
como se enamoran los que ya lo han perdido todo
y no les importa el precio.

Pero ¿sabes qué?
Qué bendita culpa la tuya,
qué bendito
el desastre
que eres en mi vida.
A veces el amor parece incomprensible, sin embargo tambien puede ser inevitable. Saludo respetuoso. Julius
 
Un poema dulce a la vez que tiene fuerza, así sin pedir permiso se va metiendo quien uno termina amando, sutil y contundente esa daga después de que uno ya no espera nada. Gracias por compartir.
 
Tú tienes la culpa
de que la vida me duela distinto,
de que el aire sepa a tus manos
y de que el mundo entero huela a tu cabello.

Tú, con esa sonrisa que no pedí,
con esos ojos que hablan idiomas que no entiendo
y con esa forma de existir,
tan simple y tan jodidamente perfecta.

Tú tienes la culpa de que mis noches
sean más largas y mis días más cortos,
de que el café sepa a despedida
y el silencio a canción.

Porque te metiste donde no debías,
entre las grietas de mis miedos,
en la humedad de mis sueños,
en el rincón exacto donde guardo
todo lo que jamás me atreví a sentir.

Ahora qué hago contigo,
con tus risas, con tus manos,
con tu nombre que no deja de golpearme
el pecho como un tambor de guerra.

Tú tienes la culpa de todo esto,
de que me enamorara sin permiso,
sin defensas, sin remedio,
como se enamoran los que ya lo han perdido todo
y no les importa el precio.

Pero ¿sabes qué?
Qué bendita culpa la tuya,
qué bendito
el desastre
que eres en mi vida.

Es el amor amigo Anibal, unas veces nos sube muy arriba y otras son embargo nos deja caer en la profundidad y en la melancolía de momentos pasados que ya no volverán.
Un placer siempre detenerse en su obra querido amigo.
Un fuerte abrazo siempre.

 
Tú tienes la culpa
de que la vida me duela distinto,
de que el aire sepa a tus manos
y de que el mundo entero huela a tu cabello.

Tú, con esa sonrisa que no pedí,
con esos ojos que hablan idiomas que no entiendo
y con esa forma de existir,
tan simple y tan jodidamente perfecta.

Tú tienes la culpa de que mis noches
sean más largas y mis días más cortos,
de que el café sepa a despedida
y el silencio a canción.

Porque te metiste donde no debías,
entre las grietas de mis miedos,
en la humedad de mis sueños,
en el rincón exacto donde guardo
todo lo que jamás me atreví a sentir.

Ahora qué hago contigo,
con tus risas, con tus manos,
con tu nombre que no deja de golpearme
el pecho como un tambor de guerra.

Tú tienes la culpa de todo esto,
de que me enamorara sin permiso,
sin defensas, sin remedio,
como se enamoran los que ya lo han perdido todo
y no les importa el precio.

Pero ¿sabes qué?
Qué bendita culpa la tuya,
qué bendito
el desastre
que eres en mi vida.
El amor y sus improntas, bellamente retratado en tus versos.
Saludos
 
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