marco cuadro
Poeta recién llegado
Nunca escribí en tu vereda,
con tiza blanca robada de la escuela,
en la pequeña puerta de tu niñez
y con letra despareja,
lo que jamás debió borrarse.
Lo que ni la lluvia de tus ojos
ni el sol de tu sonrisa pudiera opacar,
para que cada día que pase
reviva su impecable color blanco
de infantil pureza.
Conjuro de los años y olvidos.
Antídoto del dolor y soledad.
Para que pudieras pasar revista de tu vida
y enjugara cada lágrima vertida,
quisiera viajar en el tiempo
y llegar a horario para que pudiera ser.
Apoyar mi rodilla en el suelo
de pantalón corto y delantal
y mi lengua entre los dientes,
ausente del mundo
y con la mirada bañada de emoción escribir:
“Te amo como nunca nadie te amará”.
con tiza blanca robada de la escuela,
en la pequeña puerta de tu niñez
y con letra despareja,
lo que jamás debió borrarse.
Lo que ni la lluvia de tus ojos
ni el sol de tu sonrisa pudiera opacar,
para que cada día que pase
reviva su impecable color blanco
de infantil pureza.
Conjuro de los años y olvidos.
Antídoto del dolor y soledad.
Para que pudieras pasar revista de tu vida
y enjugara cada lágrima vertida,
quisiera viajar en el tiempo
y llegar a horario para que pudiera ser.
Apoyar mi rodilla en el suelo
de pantalón corto y delantal
y mi lengua entre los dientes,
ausente del mundo
y con la mirada bañada de emoción escribir:
“Te amo como nunca nadie te amará”.
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