F. Noctívago
Poeta recién llegado
No te dicta la moda;
eres verso que anida,
luz clara que estremece,
cuando tu risa florece
mi realidad es mecida.
Eres voz sin disfraz,
pulso que no engaña,
aroma de azalea
en la rima que baña
el silencio que espolea.
Tú, mi poesía perfecta,
no buscas ser entera:
eres fragmento y latido,
profundo y contenido,
océano que libera.
En tu existir me va la vida;
se me hace abismo tu boca
cuando a mi boca se inclina,
y en tu aliento se adivina
un matiz que me descoloca.