Cuando te vayas,
zurce los surcos que tu pelo dejo en mi espalda.
Engrasa las ruedas de molinos que encallaron
en el limo reseco del recuerdo donde ya nada abriga.
Donde mi sombra no es mas yo, que
el que hace palmas a la danza de huesos
donde se eregio la certeza de tenerte.
la certeza de que el manana va primero.
Seguire por la senda tejida en los campos de trigo
donde las piedras ya son muebles y la brisa
no es mas que un suspiro de la fatiga del sol
al verme caer entre sus dientes como oro.
Yo camino, entre los pinos.
Pinos desdentados, de labios prietos
para no cambiar sus anyos por torpeza.
Para seguir limando tiempo a su muerte.
Mira esa primavera con su manto de colores.
Va bajando por las faldas de esa montanya,
repletas de descosidos, de espigas hambrientas de pan.
Es hora de espulgarse de piedras que tire a tu tejado.
Es hora de marchar, de despertar al retorno.
De levantar a la rutina y comprar el pan,
y de atropellar a los suenyos.
De todo y de nada. De cables y gentio.
zurce los surcos que tu pelo dejo en mi espalda.
Engrasa las ruedas de molinos que encallaron
en el limo reseco del recuerdo donde ya nada abriga.
Donde mi sombra no es mas yo, que
el que hace palmas a la danza de huesos
donde se eregio la certeza de tenerte.
la certeza de que el manana va primero.
Seguire por la senda tejida en los campos de trigo
donde las piedras ya son muebles y la brisa
no es mas que un suspiro de la fatiga del sol
al verme caer entre sus dientes como oro.
Yo camino, entre los pinos.
Pinos desdentados, de labios prietos
para no cambiar sus anyos por torpeza.
Para seguir limando tiempo a su muerte.
Mira esa primavera con su manto de colores.
Va bajando por las faldas de esa montanya,
repletas de descosidos, de espigas hambrientas de pan.
Es hora de espulgarse de piedras que tire a tu tejado.
Es hora de marchar, de despertar al retorno.
De levantar a la rutina y comprar el pan,
y de atropellar a los suenyos.
De todo y de nada. De cables y gentio.
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