legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me propuse saber el recordarte
en el parco y sutil pasmo de la floresta;
huía el alba con la noche a cuestas
y hubo luz y fue el día primero
Y pensé en ti, en tu genial figura
y un tupido matorral dibujó tu cabellera;
la esbeltez de una palma me trajo tu silueta
Y oí tu nombre al susurro de la brisa
Cantarín el arroyo me recordó tu risa
y degusté tus ojos de aljófar al rocío;
bebí tu miel en pétalos silvestres
y fue tu olor, aroma de las flores
Prolijo el sol me trajo los colores:
el grana de tus labios, la pitahaya al viento;
y una rosa entreabierta me ofreció los pudendos,
donde sonar alegre mis narices
Aposté a nadar en un remanso etéreo
de incomparable frescura, tu entrepecho;
y hasta miré tu ombligo taladrado
en el boquete de un débil remolino
Perdida la razón, me llegó el trino
de grácil melodía, ave de paso
que rumbo al sur en franca travesía,
fue gorjeando tu nombre en pleno vuelo
Y reviví el ayer, día feliz de cielo;
cuando sólo éramos dos, dueños del mundo;
y hasta miré tu orgasmo en lo profundo
de los ojos de un sapo trasnochado
Brilló en la noche tu vientre de luciérnaga,
radiografía de una flor en celo;
alcé mis ojos y miré una estrella,
no me preguntes, también te vi en el cielo
en el parco y sutil pasmo de la floresta;
huía el alba con la noche a cuestas
y hubo luz y fue el día primero
Y pensé en ti, en tu genial figura
y un tupido matorral dibujó tu cabellera;
la esbeltez de una palma me trajo tu silueta
Y oí tu nombre al susurro de la brisa
Cantarín el arroyo me recordó tu risa
y degusté tus ojos de aljófar al rocío;
bebí tu miel en pétalos silvestres
y fue tu olor, aroma de las flores
Prolijo el sol me trajo los colores:
el grana de tus labios, la pitahaya al viento;
y una rosa entreabierta me ofreció los pudendos,
donde sonar alegre mis narices
Aposté a nadar en un remanso etéreo
de incomparable frescura, tu entrepecho;
y hasta miré tu ombligo taladrado
en el boquete de un débil remolino
Perdida la razón, me llegó el trino
de grácil melodía, ave de paso
que rumbo al sur en franca travesía,
fue gorjeando tu nombre en pleno vuelo
Y reviví el ayer, día feliz de cielo;
cuando sólo éramos dos, dueños del mundo;
y hasta miré tu orgasmo en lo profundo
de los ojos de un sapo trasnochado
Brilló en la noche tu vientre de luciérnaga,
radiografía de una flor en celo;
alcé mis ojos y miré una estrella,
no me preguntes, también te vi en el cielo
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