Rey de la Patagonia
Poeta adicto al portal
Al mar me unen lazos fuertes,
sabes…
El mar era el lienzo donde dibujaba tu cara,
cada tarde ,
cuando me sentaba solo a mirar los barcos.
El mar era un espejo cuando anochecía,
y mi soledad se empequeñecía,
tanto ,que cabía en un pañuelo.
Se hacía la soledad porteña de un grito,
y gritaban las olas conmigo,
¡Solo!, no, no estás solo,
están las luces de caramelo,
y los cerros de fuego,
están los barcos,
están los perros,
esta su voz en el viento,
y su ímpetu en las olas,
cabalgadas esta noche por caballos blancos,
blancos como los velos que sueño,
los velos y tu pelo,
tu corona de estrellas y tu anillo de lucero.
Sueño con el mar y su espejo,
con el mar y su lienzo,
con esas noches pequeñas,
llenas de perros.
No alcazaba el negro espacio,
no alcanzaba una noche ,
para soñar con tu fuego,
y ver tus caballos blancos,
venir en lid frente a mis ojos,
a calentarme la frente,
y encender mis manos con tu fuego.
Falta poco gritaba la piel,
falta poco gritaba el viento,
y el mar dormía, dormía y era un lienzo,
y dibujaba tu cara y me murmuraba tu cuerpo,
despacio
como si no quisiera despertarme,
con sus olas mansas me murmuraba tu nombre.
Y podía verte en la marea,
y descolgarte de los cerros,
convertida en un alud de caramelos,
y tu pelo era de fuego,
y yo era fuego y lava,
herviente y caliente,
recuerdo, si, recuerdo,
tu niebla cálida y densa ,
material en la distancia,
y cerca.
El mar se quedo ,
también las luces de caramelo,
y los cerros de fuego,
se quedaron los perros,
y ese lucero que achicaba las noches,
y las envolvía en un pañuelo,
se quedo dormido en el espejo del mar.
Yo que me acerque a tu puerto,
creyéndome marino experto,
que pensó navegar en el sol,
no ,no…
y sobrevivir solo con su timón, no…
¡¿Qué velas, que casco?,
que popa que proa…
¡ todo ardió y se quemo¡
tu sol... tu sol… era mejor de lejos,
adornado de gaviotas.
Me quedo solo el ancla,
un par de remos sin mango,
y dos botones blancos,
como esos caballos que soñaba ,
los que cabalgaban sobre tus otras olas,
las otras,
las mansas,
cuando el mar era bueno
y me pintaba tu cara en un lienzo.
Mar... cúbrete por un rato de gaviotas,
y deja en el puerto el murmullo,
que me hablaba de su cuerpo.
sabes…
El mar era el lienzo donde dibujaba tu cara,
cada tarde ,
cuando me sentaba solo a mirar los barcos.
El mar era un espejo cuando anochecía,
y mi soledad se empequeñecía,
tanto ,que cabía en un pañuelo.
Se hacía la soledad porteña de un grito,
y gritaban las olas conmigo,
¡Solo!, no, no estás solo,
están las luces de caramelo,
y los cerros de fuego,
están los barcos,
están los perros,
esta su voz en el viento,
y su ímpetu en las olas,
cabalgadas esta noche por caballos blancos,
blancos como los velos que sueño,
los velos y tu pelo,
tu corona de estrellas y tu anillo de lucero.
Sueño con el mar y su espejo,
con el mar y su lienzo,
con esas noches pequeñas,
llenas de perros.
No alcazaba el negro espacio,
no alcanzaba una noche ,
para soñar con tu fuego,
y ver tus caballos blancos,
venir en lid frente a mis ojos,
a calentarme la frente,
y encender mis manos con tu fuego.
Falta poco gritaba la piel,
falta poco gritaba el viento,
y el mar dormía, dormía y era un lienzo,
y dibujaba tu cara y me murmuraba tu cuerpo,
despacio
como si no quisiera despertarme,
con sus olas mansas me murmuraba tu nombre.
Y podía verte en la marea,
y descolgarte de los cerros,
convertida en un alud de caramelos,
y tu pelo era de fuego,
y yo era fuego y lava,
herviente y caliente,
recuerdo, si, recuerdo,
tu niebla cálida y densa ,
material en la distancia,
y cerca.
El mar se quedo ,
también las luces de caramelo,
y los cerros de fuego,
se quedaron los perros,
y ese lucero que achicaba las noches,
y las envolvía en un pañuelo,
se quedo dormido en el espejo del mar.
Yo que me acerque a tu puerto,
creyéndome marino experto,
que pensó navegar en el sol,
no ,no…
y sobrevivir solo con su timón, no…
¡¿Qué velas, que casco?,
que popa que proa…
¡ todo ardió y se quemo¡
tu sol... tu sol… era mejor de lejos,
adornado de gaviotas.
Me quedo solo el ancla,
un par de remos sin mango,
y dos botones blancos,
como esos caballos que soñaba ,
los que cabalgaban sobre tus otras olas,
las otras,
las mansas,
cuando el mar era bueno
y me pintaba tu cara en un lienzo.
Mar... cúbrete por un rato de gaviotas,
y deja en el puerto el murmullo,
que me hablaba de su cuerpo.
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