SALDIO CORAL
Poeta recién llegado
Apenas fue ayer,
adornada de esmeraldas y rubies
llegaste a mí;
las nubes, algodones de colores,
desfilaban en vasto cielo
y parecían brillar esa mañana casi gris
¡¡Era un magnífico día!!
De pronto tu belleza
invadió mis sentimientos,
como la luz, la oscuridad.
Eras perfecta, parecías
no pertenecer a este mundo;
tu rostro radiante,
tus ojos como dos lunas reflejadas
en un claro manantial,
tus labios como hechas de
cerezas dulces y muy maduras,
tus dientes blancos, perlas, obsequio de dioses;
tu aliento de primavera,
el aire más puro para respirar,
tus pechos, la seducción y la pasión
adheridas a tu cuerpo;
tus curvas contorneadas, si pudiera
toda mi vida viajaría por ellas;
y tus piernas, que al caminar con
tanta sensualidad parecían desafiarme
como aun pirata a buscar el tesoro
escondido entre ellas.
Dediqué cada segundo de mis días
sólo para tí.
Como podrías tú cambiar tanto en mí,
amarte hasta asfixiarme, perder hasta
la noción del tiempo y al cordura;
fue inexplicable.
Hubiera dado todo porque fueras mi esposa,
y los tiempos fueran diferentes;
no tan difíciles de vivir,
y más difíciles sin tí.
Fue mi culpa el dejarte partir,
al creer que tú voleverías como dijiste
aún sabiendo que era imposible.
No fui yo quien arrancó tus plumas,
tus delicados pétalos;
yació en tu selva y sembró en tus tierras.
Ayer te ví, quizás por última vez,
no estabas sola, te ví feliz;
a pesar del dolor me sentí contento,
después de todo nada en esta vida
es tan malo, ya llegará
alguien más a mi vida.
Las nubes, algodones de colores;
desfilarán en vasto cielo,
brillarán esa mañana casi gris
¡¡Será un magnífico día!!
adornada de esmeraldas y rubies
llegaste a mí;
las nubes, algodones de colores,
desfilaban en vasto cielo
y parecían brillar esa mañana casi gris
¡¡Era un magnífico día!!
De pronto tu belleza
invadió mis sentimientos,
como la luz, la oscuridad.
Eras perfecta, parecías
no pertenecer a este mundo;
tu rostro radiante,
tus ojos como dos lunas reflejadas
en un claro manantial,
tus labios como hechas de
cerezas dulces y muy maduras,
tus dientes blancos, perlas, obsequio de dioses;
tu aliento de primavera,
el aire más puro para respirar,
tus pechos, la seducción y la pasión
adheridas a tu cuerpo;
tus curvas contorneadas, si pudiera
toda mi vida viajaría por ellas;
y tus piernas, que al caminar con
tanta sensualidad parecían desafiarme
como aun pirata a buscar el tesoro
escondido entre ellas.
Dediqué cada segundo de mis días
sólo para tí.
Como podrías tú cambiar tanto en mí,
amarte hasta asfixiarme, perder hasta
la noción del tiempo y al cordura;
fue inexplicable.
Hubiera dado todo porque fueras mi esposa,
y los tiempos fueran diferentes;
no tan difíciles de vivir,
y más difíciles sin tí.
Fue mi culpa el dejarte partir,
al creer que tú voleverías como dijiste
aún sabiendo que era imposible.
No fui yo quien arrancó tus plumas,
tus delicados pétalos;
yació en tu selva y sembró en tus tierras.
Ayer te ví, quizás por última vez,
no estabas sola, te ví feliz;
a pesar del dolor me sentí contento,
después de todo nada en esta vida
es tan malo, ya llegará
alguien más a mi vida.
Las nubes, algodones de colores;
desfilarán en vasto cielo,
brillarán esa mañana casi gris
¡¡Será un magnífico día!!
Última edición: