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Un torbellino, un derrumbe, mi descenso;
mi alma, tremadal detenida en desolación,
y un adiós incrustado como daga en mi pecho,
traspasando la piel desnuda de mi amor.
Tú en la superficie que cubre mis adentros,
mostrándote en lo latidos de mi corazón;
yo haciendo golondrinas a mis sentimientos
para posarlos en tu cuerpo sin discreción.
Tú mi noche silenciada devorando el grito,
al impregnarme con la luz de tu farol,
yo haciéndome penumbra con suspiros
porque llena tu ventisca mi pulmón.
Tú el de ese encuentro desde entonces;
luminoso rayo que en mi tiempo germinó;
yo soltando al mundo la fiera de un te amo
aunque me quede encadenado tu dolor.
Tú la razón sin embozo de estos versos,
para la duda que como un manto te cegó,
quiero que abras tus ojos como dos farolas
que el fuego desde mi sangre les pondré yo.
Y que el mundo desde lejos vea el incendio,
propagándose infinito con los dos.
Nancy Santiago Toro
Todos los derechos reservados©
http://www.nancysantiagotoro.com
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