Henry Miller
Poeta recién llegado
Mi corazón late lentamente
A la espera de tus primeros pasos
La mañana es de oro líquido
Los pájaros caen como pañuelos
Estoy molido de sangre negra.
Ya no tengo la costumbre de sufrir así,
De estar lanzando monedas al estanque
En espera de que la realidad se mude
Y traiga consigo rosas en las manos,
Ya no tengo estómago para tanta nausea
Y tú, sin proponértelo dices,
Me has quitado los zapatos
Y me has puesto de rodillas.
Necesito una Madona que me cubra de besos
Un aletazo de flor
Alguien que peine mis cabellos.
Mi corazón leal no tiene merito
Estoy viviendo de esta sal amarga
Arrinconado entre veinte sombras,
Mi vida es un cadalso de dudas
Una oprobiosa resignación.
Ayer te miraba solamente
Como un pájaro que picaba en mi jardín
Salpicando color aquí y allá
Pero un día te sentiste confiada
Y te posaste en mis manos
Para que te acariciara.
Tú ya no te acuerdas
Ya no quieres acordarte
Y yo tengo los ojos sucios de tierra
Me alimento de hierbas imperdonables
De amasijos de sal
Tengo el corazón vencido como una noria,
He llegado hasta aquí vestido de traspatio
Cumpliendo un maratón de sombras.
Me has exiliado de tus ´recuerdos
Me has pintado la raya
Y yo sigo estérilmente,
Pronunciándome por esa boca tuya
Humillándome como un árbol,
Trazando geografías
En mapas que no puedes ver,
Porque no recuerdas,
Porque estas ciega como una piedra.
No es el momento
Quizá tengan que pasar
Una o dos vidas más.
Hoy pasas frente a mí
Y me brindas una flor piadosa
Un caramelo barato que me guardo en la bolsa
No, definitivamente no,
No será,
Te voy a dejar ir
Me voy a regresar
Caminando hacia atrás
Para olvidar cada cosa tuya
Y volveré a mencionarte
Cuando tú estés decidida
A compartir la sangre
Que tienes destinada.
A la espera de tus primeros pasos
La mañana es de oro líquido
Los pájaros caen como pañuelos
Estoy molido de sangre negra.
Ya no tengo la costumbre de sufrir así,
De estar lanzando monedas al estanque
En espera de que la realidad se mude
Y traiga consigo rosas en las manos,
Ya no tengo estómago para tanta nausea
Y tú, sin proponértelo dices,
Me has quitado los zapatos
Y me has puesto de rodillas.
Necesito una Madona que me cubra de besos
Un aletazo de flor
Alguien que peine mis cabellos.
Mi corazón leal no tiene merito
Estoy viviendo de esta sal amarga
Arrinconado entre veinte sombras,
Mi vida es un cadalso de dudas
Una oprobiosa resignación.
Ayer te miraba solamente
Como un pájaro que picaba en mi jardín
Salpicando color aquí y allá
Pero un día te sentiste confiada
Y te posaste en mis manos
Para que te acariciara.
Tú ya no te acuerdas
Ya no quieres acordarte
Y yo tengo los ojos sucios de tierra
Me alimento de hierbas imperdonables
De amasijos de sal
Tengo el corazón vencido como una noria,
He llegado hasta aquí vestido de traspatio
Cumpliendo un maratón de sombras.
Me has exiliado de tus ´recuerdos
Me has pintado la raya
Y yo sigo estérilmente,
Pronunciándome por esa boca tuya
Humillándome como un árbol,
Trazando geografías
En mapas que no puedes ver,
Porque no recuerdas,
Porque estas ciega como una piedra.
No es el momento
Quizá tengan que pasar
Una o dos vidas más.
Hoy pasas frente a mí
Y me brindas una flor piadosa
Un caramelo barato que me guardo en la bolsa
No, definitivamente no,
No será,
Te voy a dejar ir
Me voy a regresar
Caminando hacia atrás
Para olvidar cada cosa tuya
Y volveré a mencionarte
Cuando tú estés decidida
A compartir la sangre
Que tienes destinada.