Tus manos, dos palomas...que alborotan mi cuello,
tus dedos, diez gorriones, que me encienden el alma.
Tus labios mil murmullos, de viento. Y un destello
de paz, es tu palabra, que me enciende y me calma.
tus dedos, diez gorriones, que me encienden el alma.
Tus labios mil murmullos, de viento. Y un destello
de paz, es tu palabra, que me enciende y me calma.
Tu vientre, un misterio, que encierra siete mares,
tu espalda, diez caminos, en donde puedo hallarte.
Tu piel, una pradera, en donde tus lunares
me guían noche a noche, para poder buscarte.
tu espalda, diez caminos, en donde puedo hallarte.
Tu piel, una pradera, en donde tus lunares
me guían noche a noche, para poder buscarte.
Tus ojos, dos luceros, dos lumbres encendidas,
tu corazón, un faro, en la penumbra. Un puerto.
Tus senos, manantiales, de mieles esparcidas,
como flores que esperan, en medio del desierto.
tu corazón, un faro, en la penumbra. Un puerto.
Tus senos, manantiales, de mieles esparcidas,
como flores que esperan, en medio del desierto.
Tu boca, una tormenta, de pájaros en vuelo,
que busca entre suspiros, la claridad del día.
Y yo, leve poeta, trepándome a tu cielo
enredado en tu pelo...te siento sólo mía.
que busca entre suspiros, la claridad del día.
Y yo, leve poeta, trepándome a tu cielo
enredado en tu pelo...te siento sólo mía.
Marino Fabianesi
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