Había encarnizado el hielo,
lo áspero, la falta de contacto.
Eliminado las palabras dulces,
el voto de sentir y creído que
me rompería de un momento
a otro, que moriría de no morir.
Me tendí sobre la soledad
a preguntar por la esperanza;
con el corazón lleno de medidas
iba sin rumbo hacia la nada.
Pero Tú viniste y de tu carne
se abrió el fuego,
mi espacio se llenó de
estrellas y fue vencida la derrota.
Aprendí a conocerme y extender
los brazos. Los rayos de tus
ojos reemplazaban el temor
a las tinieblas, de tu mirada
surgía una cascada de versos
y, humedecidos los besos
con el rocío de tu boca, florecía
en mi pecho el único deseo
de pensar en el nosotros.
Y es, desde entonces, que Yo
ya no quiero ser Yo sino Tú;
y llamarme con tu nombre.
Que mi amor no sabe tender
lazos sin certezas, que
por las noches el sueño
fluye entre tus esquinas
y mis venas.
Mientras lo que callo grita
fuertemente que si volviera
a nacer, otra vez te
encontraría sin buscarte.
Que no puedo ser perfecto
sólo adecuado, que cuando
veo una sonrisa adornar
más tu rostro, contemplo
en ella todo
lo que pienso de ti.
Y que amarte no es una
ilusión ni tener la duda
de que pueda ser así.
lo áspero, la falta de contacto.
Eliminado las palabras dulces,
el voto de sentir y creído que
me rompería de un momento
a otro, que moriría de no morir.
Me tendí sobre la soledad
a preguntar por la esperanza;
con el corazón lleno de medidas
iba sin rumbo hacia la nada.
Pero Tú viniste y de tu carne
se abrió el fuego,
mi espacio se llenó de
estrellas y fue vencida la derrota.
Aprendí a conocerme y extender
los brazos. Los rayos de tus
ojos reemplazaban el temor
a las tinieblas, de tu mirada
surgía una cascada de versos
y, humedecidos los besos
con el rocío de tu boca, florecía
en mi pecho el único deseo
de pensar en el nosotros.
Y es, desde entonces, que Yo
ya no quiero ser Yo sino Tú;
y llamarme con tu nombre.
Que mi amor no sabe tender
lazos sin certezas, que
por las noches el sueño
fluye entre tus esquinas
y mis venas.
Mientras lo que callo grita
fuertemente que si volviera
a nacer, otra vez te
encontraría sin buscarte.
Que no puedo ser perfecto
sólo adecuado, que cuando
veo una sonrisa adornar
más tu rostro, contemplo
en ella todo
lo que pienso de ti.
Y que amarte no es una
ilusión ni tener la duda
de que pueda ser así.