pumuki
Poeta asiduo al portal
Rica y dulce canela
en tu cuerpo se espolvorea,
ensuciando tu piel
de un meloso arrope
más acaramelado que la miel.
Azahares y violetas
visten la figura violenta
de tu viva escultura
que rompe el paredón del aire
con desasosiego y fiereza.
El coral y la teja
barnizan el contorno
de tu boca semiabierta
mientras finos mármoles,
tímidos se asoman
por una pequeña rendija.
Olores de jazmines y azucenas
impregnas de tu olor las mañanas
al compás de tus caderas,
tallos tiznados tus piernas
clávalos y quédate en la tierra.
Barro oscuro y carboncillo
atraparon el blanco de tus ojos,
quedaron como dos hoyos
para ahogar las penas y el dolor;
por donde, seguramente, llora tu corazón.
Caminitos de aire,
crin de caballo noble;
tus cabellos fuertes y estridentes
cortan al viento
en siluetas de sombras;
agitan el pentagrama
de la atmósfera
desafinando su muda ópera.
en tu cuerpo se espolvorea,
ensuciando tu piel
de un meloso arrope
más acaramelado que la miel.
Azahares y violetas
visten la figura violenta
de tu viva escultura
que rompe el paredón del aire
con desasosiego y fiereza.
El coral y la teja
barnizan el contorno
de tu boca semiabierta
mientras finos mármoles,
tímidos se asoman
por una pequeña rendija.
Olores de jazmines y azucenas
impregnas de tu olor las mañanas
al compás de tus caderas,
tallos tiznados tus piernas
clávalos y quédate en la tierra.
Barro oscuro y carboncillo
atraparon el blanco de tus ojos,
quedaron como dos hoyos
para ahogar las penas y el dolor;
por donde, seguramente, llora tu corazón.
Caminitos de aire,
crin de caballo noble;
tus cabellos fuertes y estridentes
cortan al viento
en siluetas de sombras;
agitan el pentagrama
de la atmósfera
desafinando su muda ópera.
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