gumasat
Poeta recién llegado
Tuchtlán, el valle del conejo abandonado
Del espejo del Río Grande nace el sol,
los verdes caminos de lluvia se iluminan,
rebosantes de vida nueva, vida buena;
los árboles son verdes llamaradas húmedas.
La ciudad se mece al amparo de los cerros,
dos vigías enormes que arrullan sus sueños:
Cerro de las Ánimas y Mactumactzá
se coronan de nubes llorando a torrentes
sobre el pueblo hambriento, miserable de sueños,
sobre la ciudad que nunca sacia su sed.
El mestizaje continúa en esta tierra
sedienta de justicia; tzotziles, tzeltales,
zoques, tojolabales;
indios y ladinos en el crisol de raíces y sangre
para inventar sincretismos,
estratos sociales subyacen uno sobre otro, sobre uno más,
en completa e injusta armonía se conserva
el equilibrio precario, sin cohesión.
La conciencia mágica se arraiga en la mente;
el paganismo es religión que se practica,
se cumplen leyendas, relatos,
profecías que heredamos de los primigenios indígenas
de estos antiguos valles, húmedos de tiempo.
La ciudad se ilumina con diurnos colores
de mercados, de ropa, en el índigo cosmos;
en la verde explosión de vida que comienza
tras el torrente de cristalinos diamantes
que caen perpetuos del collar de las nubes;
en intensa llamarada rojo amarilla
que en el ocaso pinta el valle de oro y azul,
cubre la tarde llena de ansiedad, sudor,
sueños que esperan y se tienen que cumplir.
El Río Grande camina junto al conejo,
desgarra el Cañón del Sumidero en su largo
viaje al norte a morir en el distante golfo.
Se levantan las voces, se mezclan, confunden
en una sola gran voz que clama justicia,
paz, trabajo, alimento. Total Igualdad.
Estamos lejos de todo, cerca de nada;
estamos en Tuchtlán, el valle del conejo,
tierra perdida en la inmensidad de los mapas;
pueblo olvidado en cada sexenio, abandono;
la ciudad tiene un rostro que nadie conoce,
el pueblo tiene sueños que nunca se cumplen.
Vivo en la amada y verde ciudad, olvidada
por siempre excepto en momentos de votaciones,
promesas sin parar, repleta de agujeros,
de faros sin luz, ayuno eterno y miseria;
las campañas son ofensivas bofetadas
que lastiman profundamente la conciencia;
sed, incultura, pobreza, desnutrición,
de extraordinarias fortunas explicables,
diferencias sociales, injustas distancias económicas,
discriminación hiriente;
intolerancia constante, fútbol, mentiras,
política y muchísimas mentiras más;
las calles son polvorientas serpientes sucias
destrozadas por el tiempo y tanto abandono.
.
La ardiente ciudad tiene sueños de justicia,
que nunca llegan, que no existen para Tuxtla.
El sol nace en el espejo del Río Grande,
y con él, llega la promesa de otro día,
del día en el que no haya tuxtlecos distintos.
Agosto veinte, dos mil seis; Tuxtla Gutiérrez,
Chiapas. Hoy tenemos las elecciones para
Gobernador - La misma porquería, siempre -