claudiorbatisti
claudiorbatisti
En la brisa creciente del ocaso, sobre los vidrios traqueteaban cintas de cielo azul,
en un sigilo de instantes a dos milésimas del paraíso.
Leve he tendido sobre un manto de rosas mi pensamiento, perfumándolo así de ilusiones,
y sobre tiernas almohadas de tulipanes rojos posé el corazón aún caliente y vivo, pero cansado,
de un prolongado camino sin destino.
He dilatado cada indicio conteniendo la respiración, también cuando la luz refractaba en tus paredes.
Del humo claro de las chimeneas asomaba el hielo, y en los campos la noche perdía su porqué,
la fresca bruma se unía crucificando ojos, aún extendiendo el pensamiento he reposado
sobre un manto de rosas perfumadas de albas nuevas, y el corazón aún caliente lo posé sobre almohadas de frescos tulipanes rojos que apenas se daban a conocer.
Claudio Batisti
en un sigilo de instantes a dos milésimas del paraíso.
Leve he tendido sobre un manto de rosas mi pensamiento, perfumándolo así de ilusiones,
y sobre tiernas almohadas de tulipanes rojos posé el corazón aún caliente y vivo, pero cansado,
de un prolongado camino sin destino.
He dilatado cada indicio conteniendo la respiración, también cuando la luz refractaba en tus paredes.
Del humo claro de las chimeneas asomaba el hielo, y en los campos la noche perdía su porqué,
la fresca bruma se unía crucificando ojos, aún extendiendo el pensamiento he reposado
sobre un manto de rosas perfumadas de albas nuevas, y el corazón aún caliente lo posé sobre almohadas de frescos tulipanes rojos que apenas se daban a conocer.
Claudio Batisti
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