Se escuchaba el clamor desde la calle... entre el golpeteo de metales y la cortesía de improperios; el ruido de las botas casqueteando contra el suelo. Cansinos insurgentes se baten en desordenada formación contra los imperialistas, teniendo el todo por perder y un anhelo a la vista. Las mujeres de batalla, las que acompañan siempre, se desviven por cerrar heridas y atender a los debilitados.
Aceros que en forma de bayonetas visitan las entrañas de los desafortunados, se oxidan en lo profundo del recuerdo, ennegreciendo la historia, al dar cuenta de adelitas y matronas que lucharon hombro a hombro con sus amantes.
Y eternamente, en las calles de las ciudades que participaron en la contienda, se escucha el llamado a filas, la arenga y las palabras pujantes de las heróicas mujeres caídas en tumbas anónimas.
Aceros que en forma de bayonetas visitan las entrañas de los desafortunados, se oxidan en lo profundo del recuerdo, ennegreciendo la historia, al dar cuenta de adelitas y matronas que lucharon hombro a hombro con sus amantes.
Y eternamente, en las calles de las ciudades que participaron en la contienda, se escucha el llamado a filas, la arenga y las palabras pujantes de las heróicas mujeres caídas en tumbas anónimas.
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