tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se embullen las imágenes y deslizan descorridas por ese todo incierto, que esta frente a mí.
Casi a un par de pasos están detrás de mí, y se bien que jamás podré atrapar una de ellas.
El control será inaudito a pesar de todos mis esfuerzos.
Desmejorando mí entuerto, frente al ecuánime cronicidad de los relatos, abstengo mis pócimas semánticas, aquellas con las que oficiaría de un dolor ulterior, regalándole una entidad suprema, aunque sea solo por unos instantes.
El suave murmullo de una lagrima caída desde una ventana, provocaría un trozo de espanto.
La luz de una mirada temeraria, vitraliza cada ángulo de la habitación y ya nada será tensión.
Sabrán obstruir las puertas nuestras momias resentidas y extravagantes, quizás no haya escapatoria.
Esta puede ser la noche más real.
Y aun así, morirá su sonrisa.
Aunque juegue a regresar.
Una rara mordida que el tiempo deja sobre la meza, ofrece una soldadesca gruta en el espacio de mis sonidos mojados por la ansiedad.
A menudo recorro el túnel de los recuerdos, y regreso envuelto en llamas.
Cada céntimo de emoción cuida misteriosamente su cornisa.
Las ramas mutantes, mueven su mórbido festejo al son de un adiós.
Es verdad, la mente percute un movimiento tras otro y, los reflejos de mi ego, me tildan nuevamente de progre y provocan a la vez un gesto extravagante, con el que me siento un transgresor.
Casi a un par de pasos están detrás de mí, y se bien que jamás podré atrapar una de ellas.
El control será inaudito a pesar de todos mis esfuerzos.
Desmejorando mí entuerto, frente al ecuánime cronicidad de los relatos, abstengo mis pócimas semánticas, aquellas con las que oficiaría de un dolor ulterior, regalándole una entidad suprema, aunque sea solo por unos instantes.
El suave murmullo de una lagrima caída desde una ventana, provocaría un trozo de espanto.
La luz de una mirada temeraria, vitraliza cada ángulo de la habitación y ya nada será tensión.
Sabrán obstruir las puertas nuestras momias resentidas y extravagantes, quizás no haya escapatoria.
Esta puede ser la noche más real.
Y aun así, morirá su sonrisa.
Aunque juegue a regresar.
Una rara mordida que el tiempo deja sobre la meza, ofrece una soldadesca gruta en el espacio de mis sonidos mojados por la ansiedad.
A menudo recorro el túnel de los recuerdos, y regreso envuelto en llamas.
Cada céntimo de emoción cuida misteriosamente su cornisa.
Las ramas mutantes, mueven su mórbido festejo al son de un adiós.
Es verdad, la mente percute un movimiento tras otro y, los reflejos de mi ego, me tildan nuevamente de progre y provocan a la vez un gesto extravagante, con el que me siento un transgresor.