SergioCarrion
Poeta recién llegado
Mi vida es un túnel en el que siempre falta la luz.
Que pena que no entiendas que mi vida lo eres tú.
Y con esta lluvia intensa los días finalizan.
Y de esta forma voy comprendiendo.
Que en la vida se nace para ir muriendo.
Pero cuando ya todo se ha desvelado.
Cuando los misterios de esta historia se han disipado.
De repente.
Sin saber muy bien porque.
Todas las preguntas surgen otra vez.
Y es entonces cuando enloquezco.
Cuando me pregunto que estoy haciendo.
Mientras mis lágrimas se derraman sin consuelo.
Y las estrellas no me guían en el cielo.
Camino tan solo hasta la perdición.
Ojala vieras mi mundo y pudieras comprenderlo.
Comprendiendo que estoy preso de esta vida sin quererlo.
Y queriendo deshacer mis esposas.
Buscando una puerta rota.
Me desespero en el fondo de mi soledad.
E intento suicidarme ocultándome en la oscuridad.
Porque todo ha de suceder.
Y cuando todo muera volveremos a nacer.
Y un final para esta historia es imposible.
Como terminar algo que parece incomprensible.
Para el gladiador del Coliseo de mi vida,
Por Sergio Carrión Olmo
Que pena que no entiendas que mi vida lo eres tú.
Y con esta lluvia intensa los días finalizan.
Y de esta forma voy comprendiendo.
Que en la vida se nace para ir muriendo.
Pero cuando ya todo se ha desvelado.
Cuando los misterios de esta historia se han disipado.
De repente.
Sin saber muy bien porque.
Todas las preguntas surgen otra vez.
Y es entonces cuando enloquezco.
Cuando me pregunto que estoy haciendo.
Mientras mis lágrimas se derraman sin consuelo.
Y las estrellas no me guían en el cielo.
Camino tan solo hasta la perdición.
Ojala vieras mi mundo y pudieras comprenderlo.
Comprendiendo que estoy preso de esta vida sin quererlo.
Y queriendo deshacer mis esposas.
Buscando una puerta rota.
Me desespero en el fondo de mi soledad.
E intento suicidarme ocultándome en la oscuridad.
Porque todo ha de suceder.
Y cuando todo muera volveremos a nacer.
Y un final para esta historia es imposible.
Como terminar algo que parece incomprensible.
Para el gladiador del Coliseo de mi vida,
Por Sergio Carrión Olmo