Turba

tyngui

Poeta que considera el portal su segunda casa
Mi cara dormida orilló de inmediato en los suburbios profundos de su mente muerta, su mirada inestable restableció la invisibilidad del aire y los patrones urbanos resolvieron unos pocos
recuerdos abismados que no lograron pasar la noche. Lo sé porque esta noche morirán nuestras imágenes dormidas. Nada de esto será una fantasía, puedo percibirlo ahora.
Otra vez la parábola del vacío avanzará bajo la lluvia de arañas transparentes. La noche a coordinado su inacción en la ruptura de los límites.
Desfigurados por el mal constantemente en fuga, desandarán aquellos hombres en su malestar crónico. Como si viajaran a la mismísima feria de Saint Bartholomew, la exhibición fermentada de recuerdos ralos, dispersos y espaciados.
La mente viaja entre sombras. Los sueños son una kermesse retorcida de pensamientos perturbados, situaciones e imágenes dementes de tu realidad cotidiana, que funcionarán como atracción diabólica por unos días en el Carnaval oscuro de tu vida.
Entonces tal vez sea éste el inicio del fin, acabaría la agonía de vivir esta alegría melancólica sin sentido. Qué bueno fue recorrer junto a Esther Cross los paraísos cóncavos de la niña Mary Shelley.
Se desatan en mi la enfermiza penumbra de Cobain y la aturdida realidad de Ian Curtis.
¿Qué hacer con la turba en el parnaso? ¿Qué hacer con la exposición poética de protuberancias irracionales que conviven en mí…?
 

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