César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Era una mañana lagañosa en soledad,
era el mal sabor en la boca y en la cabeza el dolor...
la resaca depresión de un mal momento,
abismo deseado que no llega.
Eran las siete.
Y llegaste
vestida de mañana la piel;
desnuda con duraznos.
-Las olas-.
Bendita y luminosa
desde tu cielo primavera en invierno.
Trajiste una cesta de sonrisas
para sembrarlas en mi pecho.
Yo...
tan solo un niño entre tus juguetes de hembra,
jugaba al amante
con el hambre ancestral
de un ermitaño de cariño.
Tu resplandor de ave marina iluminó mi horizonte.
La habitación fue galaxia y dejé de necesitar oxígeno
justo cuando llegó hasta mi boca el beso vainilla
que me diste.
Esa noche, veinticuatro horas esmeraldas,
tu otro beso
abrió un serio boquete a mi tristeza.
Y alcé vuelo hacia el sueño
entre mil noches
con una promesa de besos vainilla
pintándome el alma.
...Tus besos vainilla.
era el mal sabor en la boca y en la cabeza el dolor...
la resaca depresión de un mal momento,
abismo deseado que no llega.
Eran las siete.
Y llegaste
vestida de mañana la piel;
desnuda con duraznos.
-Las olas-.
Bendita y luminosa
desde tu cielo primavera en invierno.
Trajiste una cesta de sonrisas
para sembrarlas en mi pecho.
Yo...
tan solo un niño entre tus juguetes de hembra,
jugaba al amante
con el hambre ancestral
de un ermitaño de cariño.
Tu resplandor de ave marina iluminó mi horizonte.
La habitación fue galaxia y dejé de necesitar oxígeno
justo cuando llegó hasta mi boca el beso vainilla
que me diste.
Esa noche, veinticuatro horas esmeraldas,
tu otro beso
abrió un serio boquete a mi tristeza.
Y alcé vuelo hacia el sueño
entre mil noches
con una promesa de besos vainilla
pintándome el alma.
...Tus besos vainilla.
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