Creí que la noche no alcanzaría. Atravesé cuatro de tus huracanes
y tu presencia estaba ahí, dispersa entre tanto aire.
En el instante, la luz ayudó a verte, tu silueta y solo eso.
Seguí compartiéndote solo contigo. Abierta tu boca y enormes tus ojos
comenzó el terremoto; palabras iban y venían, y con la entonación correcta
ya no hablaban, solo el suelo entendía.
¡Sobreviví! ¡Lo hice! Y te seguí entendiendo.
Con la misma angustia de tus catástrofes, aunque con mayor cautela,
te dejaste ver. Apareciste tu.
Tu padre y las estrellas en hermoso bien común revelaron tu sustancia.
Bastó viajar quince años al pasado, veinte luces y un oyente alerta
para decorar todo el salón con tu belleza y bondad; tergiversadas
por ti misma.
Lástima que el registro de tu milagro sea intangible.
y tu presencia estaba ahí, dispersa entre tanto aire.
En el instante, la luz ayudó a verte, tu silueta y solo eso.
Seguí compartiéndote solo contigo. Abierta tu boca y enormes tus ojos
comenzó el terremoto; palabras iban y venían, y con la entonación correcta
ya no hablaban, solo el suelo entendía.
¡Sobreviví! ¡Lo hice! Y te seguí entendiendo.
Con la misma angustia de tus catástrofes, aunque con mayor cautela,
te dejaste ver. Apareciste tu.
Tu padre y las estrellas en hermoso bien común revelaron tu sustancia.
Bastó viajar quince años al pasado, veinte luces y un oyente alerta
para decorar todo el salón con tu belleza y bondad; tergiversadas
por ti misma.
Lástima que el registro de tu milagro sea intangible.