Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Déjate mi sonrisa
y mi mueca de ayer,
déjate mi camisa
empapada en sudor
pecando en tu piel.
Déjate este labio roto
que pide tus besos
cremando mi fe,
la lengua con que recito tu nombre
y mis quijotadas que revisan tu escote
por el que moriré.
Las aguas de este río
no conocen camino hacia el mar,
este desierto sin oasis
pero con remolinos
tiene las montañas de tu catedral.
Déjate mi espesura
mi revuelo y la duda
de lo mucho que amé
tener mi cuerpo sobre tu cintura,
aquí me tienes de esclavo
arrodillado a tu merced.
Mis dominios son solamente
tres litros de insomnio,
tu fotografía mi Norte y mi Sur,
el encaje que roza la mitad de tu pierna
es mi primavera
mi don y virtud.
y mi mueca de ayer,
déjate mi camisa
empapada en sudor
pecando en tu piel.
Déjate este labio roto
que pide tus besos
cremando mi fe,
la lengua con que recito tu nombre
y mis quijotadas que revisan tu escote
por el que moriré.
Las aguas de este río
no conocen camino hacia el mar,
este desierto sin oasis
pero con remolinos
tiene las montañas de tu catedral.
Déjate mi espesura
mi revuelo y la duda
de lo mucho que amé
tener mi cuerpo sobre tu cintura,
aquí me tienes de esclavo
arrodillado a tu merced.
Mis dominios son solamente
tres litros de insomnio,
tu fotografía mi Norte y mi Sur,
el encaje que roza la mitad de tu pierna
es mi primavera
mi don y virtud.
Última edición: