Tus flores amarillas.

Comienza manso el otoño,
pasos sin eco
entre hojas secas
cambiando de vereda.

Tu sonrisa
prende fuego a las hojas
y su ceniza cae
a una copa de vino.

El crujir de las hojas
aviva la llama;
me hundo
como hoja perdida
al pie de un árbol seco.

Así,
el equinoccio
murmuró tu nombre
en una noche de otoño.
La transición natural con un anhelo personal.

Saludos
 
Comienza manso el otoño,
pasos sin eco
entre hojas secas
cambiando de vereda.

Tu sonrisa
prende fuego a las hojas
y su ceniza cae
a una copa de vino.

El crujir de las hojas
aviva la llama;
me hundo
como hoja perdida
al pie de un árbol seco.

Así,
el equinoccio
murmuró tu nombre
en una noche de otoño.

Tu poema crea un hermoso clima y fue un gusto leerlo,
saludos.
 

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