Orfelunio
Poeta veterano en el portal
TUS GIBRALTARES
Deambulo por las calles
buscando aquel rincón,
morada de ilusiones
en recuerdos al amor.
Te presiento en esa esquina
cuya sombra sabe a ti;
y el instante se adivina
si el amor no tiene fin.
No supiste regalarme
lo que yo te hice soñar,
y ofreciste tus señales
a otro barco que al pasar,
usurpó la copa amable
y bebió el santo grial.
No me digas ahora
que el tiempo irremisible
curará el amor que siento;
ni te atrevas a decirme,
que amores son del viento
si en el viento tú te fuiste.
Llegarás, y tendrán las auroras,
tan cercanas, tan alegres,
portadoras de la brisa que es tu mar,
melodías de una noche
envolviéndonos de luces,
que apagaron los desiertos,
corazones que andan muertos
de cansado despertar.
Como el mar cuando oscurece,
un misterio me seduce
que se llama libertad
Horizontes invisibles,
sólo brillos de ternura,
y algún punto incomprensible
que al amor deja soñar.
Yo te pido en mil te quieros,
lo que otros comprendieron
en tu fuerte voluntad,
y aún esperan que la vida,
reinicie su partida
si se va a la eternidad.
Camino en el mismo valle,
con tus mismos pasos,
con tus mismos aires,
aromas de ti.
Yo ando tras tus besos,
tras el talle, tras el sueño,
tras el sí;
y me pierdo por extraño,
si a tu lado vuela un pájaro ,
una réplica de mí.
Me gusta el aroma del atardecer,
me gusta el aroma de la mañana;
me gusta el aroma de ti, mujer,
y me gusta el aroma
si aroma acompaña.
Me gusta el aroma de tus besos,
me gusta el aroma de tu piel;
me gustan tus hermosos pechos,
me gustan tus labios de miel;
y me gustan tus ojos negros
que aroman a noches de jades,
y dejan galantes deseos
a merced de tus voluntades.
También me gustan tus cielos
que son columnas mortales,
y cual Hércules lleno de celos
yo las guardo como gibraltares.
Deambulo por las calles
buscando aquel rincón,
morada de ilusiones
en recuerdos al amor.
Te presiento en esa esquina
cuya sombra sabe a ti;
y el instante se adivina
si el amor no tiene fin.
No supiste regalarme
lo que yo te hice soñar,
y ofreciste tus señales
a otro barco que al pasar,
usurpó la copa amable
y bebió el santo grial.
No me digas ahora
que el tiempo irremisible
curará el amor que siento;
ni te atrevas a decirme,
que amores son del viento
si en el viento tú te fuiste.
Llegarás, y tendrán las auroras,
tan cercanas, tan alegres,
portadoras de la brisa que es tu mar,
melodías de una noche
envolviéndonos de luces,
que apagaron los desiertos,
corazones que andan muertos
de cansado despertar.
Como el mar cuando oscurece,
un misterio me seduce
que se llama libertad
Horizontes invisibles,
sólo brillos de ternura,
y algún punto incomprensible
que al amor deja soñar.
Yo te pido en mil te quieros,
lo que otros comprendieron
en tu fuerte voluntad,
y aún esperan que la vida,
reinicie su partida
si se va a la eternidad.
Camino en el mismo valle,
con tus mismos pasos,
con tus mismos aires,
aromas de ti.
Yo ando tras tus besos,
tras el talle, tras el sueño,
tras el sí;
y me pierdo por extraño,
si a tu lado vuela un pájaro ,
una réplica de mí.
Me gusta el aroma del atardecer,
me gusta el aroma de la mañana;
me gusta el aroma de ti, mujer,
y me gusta el aroma
si aroma acompaña.
Me gusta el aroma de tus besos,
me gusta el aroma de tu piel;
me gustan tus hermosos pechos,
me gustan tus labios de miel;
y me gustan tus ojos negros
que aroman a noches de jades,
y dejan galantes deseos
a merced de tus voluntades.
También me gustan tus cielos
que son columnas mortales,
y cual Hércules lleno de celos
yo las guardo como gibraltares.