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Tus manos

Mooner

Poeta recién llegado
En tu mano se esconde la mía,
se retuerce buscando
quiere calmar la agonía.

La tuya está quieta
pero no menos curiosa
no exige, no aprieta
es grande, silenciosa.

La calma está en tocarte
y asi mismo, desafiarte,
mirar como me buscas
como aprendiendo a quedarte.

Y ahí,
en ese gesto sin ruido,
te amo.

No prometes, no haces juramento,
pero en tu palma cabe el tiempo
y yo me escondo sin desaparecer.

No es una trampa
ni una prisión,
es más bien tacto,
es intención.

Como si en tu palma
cupiera mi historia,
mi ruido,
todas mis fobias.

Y te amo así,
con la piel que resiste,
con lo que sientes que perdiste.

Con la calma que llega cuando no huyes,
y con el caos que traigo si intuyes
que algo no va bien.

Te amo con el frío que no pido que abraces,
con la duda,
con lo que no nace.

En los cuentos, limpios y claros,
y en los días torcidos, raros,
donde igual eliges quedarte.
 
El vigor de un amor puro a veces todo lo puede
la muerte espiritual y el vacío, sobre todo la ausencia de colores, se alejan
ante la luz que irradia el amor de dos seres
cuando perdura es como un sol que ilumina todo y más...
saludos.
 
En tu mano se esconde la mía,
se retuerce buscando
quiere calmar la agonía.

La tuya está quieta
pero no menos curiosa
no exige, no aprieta
es grande, silenciosa.

La calma está en tocarte
y asi mismo, desafiarte,
mirar como me buscas
como aprendiendo a quedarte.

Y ahí,
en ese gesto sin ruido,
te amo.

No prometes, no haces juramento,
pero en tu palma cabe el tiempo
y yo me escondo sin desaparecer.

No es una trampa
ni una prisión,
es más bien tacto,
es intención.

Como si en tu palma
cupiera mi historia,
mi ruido,
todas mis fobias.

Y te amo así,
con la piel que resiste,
con lo que sientes que perdiste.

Con la calma que llega cuando no huyes,
y con el caos que traigo si intuyes
que algo no va bien.

Te amo con el frío que no pido que abraces,
con la duda,
con lo que no nace.

En los cuentos, limpios y claros,
y en los días torcidos, raros,
donde igual eliges quedarte.
Muy bueno. Un gusto leerte.
 
En tu mano se esconde la mía,
se retuerce buscando
quiere calmar la agonía.

La tuya está quieta
pero no menos curiosa
no exige, no aprieta
es grande, silenciosa.

La calma está en tocarte
y asi mismo, desafiarte,
mirar como me buscas
como aprendiendo a quedarte.

Y ahí,
en ese gesto sin ruido,
te amo.

No prometes, no haces juramento,
pero en tu palma cabe el tiempo
y yo me escondo sin desaparecer.

No es una trampa
ni una prisión,
es más bien tacto,
es intención.

Como si en tu palma
cupiera mi historia,
mi ruido,
todas mis fobias.

Y te amo así,
con la piel que resiste,
con lo que sientes que perdiste.

Con la calma que llega cuando no huyes,
y con el caos que traigo si intuyes
que algo no va bien.

Te amo con el frío que no pido que abraces,
con la duda,
con lo que no nace.

En los cuentos, limpios y claros,
y en los días torcidos, raros,
donde igual eliges quedarte.
Un amor que no se basa en promesas, sino en el entendimiento mutuo, es un amor puro.

Saludos
 
En tu mano se esconde la mía,
se retuerce buscando
quiere calmar la agonía.

La tuya está quieta
pero no menos curiosa
no exige, no aprieta
es grande, silenciosa.

La calma está en tocarte
y asi mismo, desafiarte,
mirar como me buscas
como aprendiendo a quedarte.

Y ahí,
en ese gesto sin ruido,
te amo.

No prometes, no haces juramento,
pero en tu palma cabe el tiempo
y yo me escondo sin desaparecer.

No es una trampa
ni una prisión,
es más bien tacto,
es intención.

Como si en tu palma
cupiera mi historia,
mi ruido,
todas mis fobias.

Y te amo así,
con la piel que resiste,
con lo que sientes que perdiste.

Con la calma que llega cuando no huyes,
y con el caos que traigo si intuyes
que algo no va bien.

Te amo con el frío que no pido que abraces,
con la duda,
con lo que no nace.

En los cuentos, limpios y claros,
y en los días torcidos, raros,
donde igual eliges quedarte.
Hermoso poema. Me encantó.
Saludos.
 
El instante borroso,
cuando el sentimiento se embriaga con el instinto
y desnuda el pecho de dudas
afincando las certezas
de los reclamos a la luna...
hasta el amanecer
entre abrazos
que se acercan y distancian...
y que no se sueltan
hasta que los besos
fundan con su calor
todos los labios...

Es un poema hermoso.
 
La poeta transmite una necesidad profunda de seguridad afectiva, expresada a través del símbolo de la mano. El gesto de “esconderse” en la palma del otro revela un deseo de refugio, pero no desde la dependencia absoluta, sino desde la vulnerabilidad que busca ser sostenida. Hay un reconocimiento de la fragilidad propia —la “agonía”, las “fobias”, la duda— y al mismo tiempo una confianza en que esa vulnerabilidad no será usada en su contra. Psicológicamente, la voz poética muestra un equilibrio entre el miedo a la soledad y la esperanza de encontrar contención en el otro.

Al rechazar promesas y juramentos, la poeta deja ver un trasfondo de temor a la decepción. Prefiere lo concreto del gesto cotidiano antes que las grandes palabras que podrían romperse. Esto denota una experiencia previa de desencanto: la necesidad de confiar más en lo que se siente y se sostiene en silencio que en compromisos formales. Psicológicamente, refleja la madurez emocional de alguien que aprendió que el amor no se valida en discursos, sino en elecciones repetidas cada día.

El contraste entre calma y caos es un reflejo de su mundo interno: lleva consigo tormentas, dudas y frío, pero no las esconde. El amor que busca no es el que la idealice o intente “curar” esas partes, sino el que pueda aceptarlas sin huir. Este gesto de honestidad habla de un anhelo de amor incondicional, pero también de una autoaceptación creciente: ella misma empieza a reconocer que su luz y su sombra conviven.

Finalmente, el mayor trasfondo emocional está en la idea de que el amor verdadero se mide en la decisión de quedarse incluso en los días difíciles. Esto refleja un deseo de estabilidad y permanencia, pero no como obligación, sino como acto libre. La poeta ansía un amor que no huya frente a la imperfección, que elija permanecer aun en los días “torcidos y raros”. Es el eco de una necesidad humana básica: que la vulnerabilidad, lejos de espantar, sea precisamente el puente que une.
 
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