H.Nossa
Poeta recién llegado
Dime qué quieres de mí
qué rapaz duda devora tu alma,
qué arácnido celo teje en tus entrañas.
Por qué te evades con tus sueños
al florido jardín de los desiertos,
deambulando con tus pesadillas
en compañía de indolente silencio.
Dime qué fantasmal temor
presagia en tus sentidos pavorosa tormenta,
que arrasará los bosques de la razón
en avalancha de odio, soberbia y lágrimas.
Dime por qué alquilaste tus ojos a los celos
inquilinas imágenes como sombras,
ocuparon el lugar donde nació el amor;
uno solo fuimos desde el primer beso.
Lanzas tu palabra jabalina emplumada
en improperios y ofensas adornada,
penetrando delgados pergaminos de la pasión
esparciendo en sus decretos mortal veneno.
Hablas de pretéritos momentos
historias que existieron y ya no son;
y tú, arqueóloga de los celos,
perdidas las hallaste en presumible tiempo.
Dime por qué amor mío,
acalla tu voz al mensajero de los vientos,
ocultas tu luz en candil de hierro,
arrancas escritas páginas de tu bitácora,
destruye tu brújula y tu sextante.
Dime por qué me condenaste sin juicio
y en paredón de escarnio y mentira
ante pelotón de celos insensibles,
consumaste pena capital
disparando odios que fusilan.
qué rapaz duda devora tu alma,
qué arácnido celo teje en tus entrañas.
Por qué te evades con tus sueños
al florido jardín de los desiertos,
deambulando con tus pesadillas
en compañía de indolente silencio.
Dime qué fantasmal temor
presagia en tus sentidos pavorosa tormenta,
que arrasará los bosques de la razón
en avalancha de odio, soberbia y lágrimas.
Dime por qué alquilaste tus ojos a los celos
inquilinas imágenes como sombras,
ocuparon el lugar donde nació el amor;
uno solo fuimos desde el primer beso.
Lanzas tu palabra jabalina emplumada
en improperios y ofensas adornada,
penetrando delgados pergaminos de la pasión
esparciendo en sus decretos mortal veneno.
Hablas de pretéritos momentos
historias que existieron y ya no son;
y tú, arqueóloga de los celos,
perdidas las hallaste en presumible tiempo.
Dime por qué amor mío,
acalla tu voz al mensajero de los vientos,
ocultas tu luz en candil de hierro,
arrancas escritas páginas de tu bitácora,
destruye tu brújula y tu sextante.
Dime por qué me condenaste sin juicio
y en paredón de escarnio y mentira
ante pelotón de celos insensibles,
consumaste pena capital
disparando odios que fusilan.