coral
Una dama muy querida en esta casa.
Tus ojos centelleantes
Aún atisbo tus ojos centelleantes,
con la ira que deja lo imperante
y el matiz de pensamientos
y el matiz de pensamientos
incesantes, sin la cálida caricia, del amante.
Sin el brillo latente de miradas,
empalagando de dulce, las almohadas,
donde quedas, se dijeron las palabras.
donde quedas, se dijeron las palabras.
Tú dormido y yo, despierta, a mitad de la alborada,
con un vacio en mis entrañas, cubierto mi cuerpo,
con el aura, salpicando de llanto las estrellas.
Musitando al oído, suplicante que un día,
¡ entendieras, el porque, mi amarga pena!
con el aura, salpicando de llanto las estrellas.
Musitando al oído, suplicante que un día,
¡ entendieras, el porque, mi amarga pena!
¿Y es que, sabes?, me enredé entre tus pupilas,
navegué hasta encontrar tu alma náufraga, en una isla,
donde guardabas tus sueños pasajeros
sin pensar que en esa isla te quedaras.
donde guardabas tus sueños pasajeros
sin pensar que en esa isla te quedaras.
Esperé por mucho tiempo, que dijeras
la palabra justa, endulzando la amargura
de mi vida, por no tenerte entero
y viajaras al vaivén de nuestros sueños.
de mi vida, por no tenerte entero
y viajaras al vaivén de nuestros sueños.
Reino hoy en mi desierta luna,
pero cueto cada día mis estrellas;
solitaria si... pero alejando la tristeza
y pestañeando mis ojos, para que no se duerman.
solitaria si... pero alejando la tristeza
y pestañeando mis ojos, para que no se duerman.
Prudencia Arenas
Coral