Tus ojos forestales
me han robado el oxígeno nocturno
en un insomnio y otro sucesivo,
y a cambio,
cotidiano,
he respirado mientras tú dormías
aparcada en mis sueños.
Tus ojos, del color de la frondosidad,
me anegan de caudales
en la noche sin prisa
aunque el riesgo de incendio está presente
en las actuaciones de sus párpados,
multiplicándose por dos, conmigo,
porque estoy contagiado de tus ojos,
tus ojos deliciosos -¿lo recuerdas?-
me han robado el oxígeno nocturno
en un insomnio y otro sucesivo,
y a cambio,
cotidiano,
he respirado mientras tú dormías
aparcada en mis sueños.
Tus ojos, del color de la frondosidad,
me anegan de caudales
en la noche sin prisa
aunque el riesgo de incendio está presente
en las actuaciones de sus párpados,
multiplicándose por dos, conmigo,
porque estoy contagiado de tus ojos,
tus ojos deliciosos -¿lo recuerdas?-