Las fantasías egipcias
con las que encerré a tus ojos,
fragua de mis horas muertas
y desgarro de mis sueños
fueron, por la imprudencia
de imaginar en desvelo,
a tus retorcidas pestañas
uncidas a mi deseo
Sólo una pestaña te robé en secreto
que es muy poco consuelo,
por no fundir, con los míos,
el tibio manjar de tus labios.
con las que encerré a tus ojos,
fragua de mis horas muertas
y desgarro de mis sueños
fueron, por la imprudencia
de imaginar en desvelo,
a tus retorcidas pestañas
uncidas a mi deseo
Sólo una pestaña te robé en secreto
que es muy poco consuelo,
por no fundir, con los míos,
el tibio manjar de tus labios.