Poetacandente
Poeta asiduo al portal
12/8/05
Tuya mi espada y tuyo mi escudo.
Me has quitado todo en un segundo,
y me entregué a vos, ya extenuado;
si esperás a que acabe moribundo,
cuando crezcan espinas en mis labios,
no serán dignos mis besos de tu agrado,
ni mis consejos de tus oídos sabios.
De amarte sólo yo soy responsable,
podría ser que me asesine un abrazo;
y de odiarte seré yo solo el convicto
si tu mano se estanca sobre el sable,
en la espada que te di habrá un zarpazo,
y, peor aún, mi escudo aún invicto.
Tuya mi espada y tuyo mi escudo.
Me has quitado todo en un segundo,
y me entregué a vos, ya extenuado;
si esperás a que acabe moribundo,
cuando crezcan espinas en mis labios,
no serán dignos mis besos de tu agrado,
ni mis consejos de tus oídos sabios.
De amarte sólo yo soy responsable,
podría ser que me asesine un abrazo;
y de odiarte seré yo solo el convicto
si tu mano se estanca sobre el sable,
en la espada que te di habrá un zarpazo,
y, peor aún, mi escudo aún invicto.