BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Supe de mi muerte a los diecisiete años, cuando estaba en un presidio lleno de rocas inamovibles y azules. Fue al alba, siete disparos, un corazón herido o muerto, lleno de copas blanquinosas. Fueron los cristales que el carcelero metió en mi bandeja, como ladridos de perro que el aire trajera y llevara. No fue en lugar cerrado, eso lo sé.
Quizás, entre estiércol de vaca, y sueños de estrategias. Acaso, entre lupanares asesinados con la sola violencia de la estaca, fue. Reviví entre espliegos sucesivos. Lunas naranjas y cordeles de ignominia. Fuera de la ubre que a tantos amamantaba. Supe de mi muerte un día, una noche, de dedos oprimidos y sangre en los orinales.
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Quizás, entre estiércol de vaca, y sueños de estrategias. Acaso, entre lupanares asesinados con la sola violencia de la estaca, fue. Reviví entre espliegos sucesivos. Lunas naranjas y cordeles de ignominia. Fuera de la ubre que a tantos amamantaba. Supe de mi muerte un día, una noche, de dedos oprimidos y sangre en los orinales.
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