XXIV
Alborotas mis cabellos mensajero,
traes las voces,
el canto de las hijas de Neptuno.
No las veo allí donde mis oídos dicen,
¿Acaso es tan perfecta belleza
que los efímeros ojos alcanzar no pueden?
¿O es tan exquisito talle
que las mortales manos no pueden besar?
Perdonadme Afroditas
por no seguir su lira,
por no morir en sus brazos,
atado estoy,
estos versos mis ligaduras son
y este lápiz mi mástil,
mojado por tu ira
OH mar,
soy el Ulises de tu atardecer.
Alborotas mis cabellos mensajero,
traes las voces,
el canto de las hijas de Neptuno.
No las veo allí donde mis oídos dicen,
¿Acaso es tan perfecta belleza
que los efímeros ojos alcanzar no pueden?
¿O es tan exquisito talle
que las mortales manos no pueden besar?
Perdonadme Afroditas
por no seguir su lira,
por no morir en sus brazos,
atado estoy,
estos versos mis ligaduras son
y este lápiz mi mástil,
mojado por tu ira
OH mar,
soy el Ulises de tu atardecer.