JOSE MANUEL SAIZ
Poeta asiduo al portal
ULTIMAS TARDES DE SEPTIEMBRE
Es Septiembre.
Y a veces me sorprende
ver ,como una extraña luz,
ilumina suavemente
las primeras tardes del Otoño.
El sol envuelve de gasa transparente
las delgadas hojas del olivo.
Y un aire tibio de poniente
peina con un suspiro
la fina hierba de mi jardín pequeño.
Sobre mi cabeza,
las postreras golondrinas del estío
se alzan al vuelo perezosas;
y como airosas bailarinas grises
parecen decir adiós al mundo
desde lo alto de la iglesia.
A mi derecha, el río -ebrio de melancolía-,
pretende ahogar con su murmullo
el tenue susurro de la fuente
Todo es armonía y acuerdo
en esta tarde diferente.
Desde el rincón sombrío y mudo
en el que escribo los trazos de mis versos,
mi casa de madera pinta, de pátina dorada,
sus ángulos más oscuros.
Los niños juegan en el parque soleado,
al otro lado de la ermita.
Y un perro vagabundo
dormita solitario, ajeno a lo que pienso.
Todo esta tranquilo y quieto.
Incluso el propio viento parece estar ausente.
En tardes como esta,
algunos hombres buenos,
dejaron volar su mente
hacia un mundo más perfecto.
A veces,
un Otoño incipiente,
envuelve de suave luz
algunas tardes como esta
pero algo en el aire me recuerda
que, no muy lejos, el Invierno
cabalga veloz a nuestro encuentro.
--oOo--
Es Septiembre.
Y a veces me sorprende
ver ,como una extraña luz,
ilumina suavemente
las primeras tardes del Otoño.
El sol envuelve de gasa transparente
las delgadas hojas del olivo.
Y un aire tibio de poniente
peina con un suspiro
la fina hierba de mi jardín pequeño.
Sobre mi cabeza,
las postreras golondrinas del estío
se alzan al vuelo perezosas;
y como airosas bailarinas grises
parecen decir adiós al mundo
desde lo alto de la iglesia.
A mi derecha, el río -ebrio de melancolía-,
pretende ahogar con su murmullo
el tenue susurro de la fuente
Todo es armonía y acuerdo
en esta tarde diferente.
Desde el rincón sombrío y mudo
en el que escribo los trazos de mis versos,
mi casa de madera pinta, de pátina dorada,
sus ángulos más oscuros.
Los niños juegan en el parque soleado,
al otro lado de la ermita.
Y un perro vagabundo
dormita solitario, ajeno a lo que pienso.
Todo esta tranquilo y quieto.
Incluso el propio viento parece estar ausente.
En tardes como esta,
algunos hombres buenos,
dejaron volar su mente
hacia un mundo más perfecto.
A veces,
un Otoño incipiente,
envuelve de suave luz
algunas tardes como esta
pero algo en el aire me recuerda
que, no muy lejos, el Invierno
cabalga veloz a nuestro encuentro.
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