Kabuki
Poeta recién llegado
Ultraviolencia: Junta de policias
La hora muerta en las casonas
de Barranco, un portatropas bajo
el puente de los suspiros, a
mis camaradas los persiguen con
linternas, las botellas
se rompen y su liquido dibuja
un rio, donde un rostro
es amordazado con tres dientes
partidos y la introducción de
un paco de coca en el bolsillo.
Corre, corre, corre, por la izquierda,
por Tejada, por el Jorge Chávez,
llega a la catedral y
ocúltate en el confesionario,
corre, corre, corre.
Aló, ¿si?, mi hijo ¿Qué?
Señor, debe acercarse a la comisaria
Para ver como arreglamos el problemita.
Sí, sí, es solucionable.
Por su puesto, si usted coopera.
La madrugada es de toneladas,
las hematomas se afloran en el cuello,
la voz gorjea apagándose,
se abre la celda, un joven estudiante
muerto. El papá desesperado,
grita y raja el cielo negro,
llora y los grillos dan la espalda.
El vacío silencio de la carceleta
gradúa en un venoso ruido eléctrico.
Un shock. Fue suicidio, no está penado.
Su examen toxicológico salió negativo,
como el fallo de la primera sala penal.
Todo se va al tacho.
El fósforo y el mercurio,
una bomba en casa,
una granada de guerra en la mecedora,
un cartón de prozac en la tina.
Un embarazo fallido, el amigo
inteligente drogadicto.
Aaha, Dios no existe.
Aaha, Dios si existe.
La municipalidad pagará el sepelio,
el rito y la rabia furiosa
de los curiosos.
Unas trompetas; al año, su
arroz con pollo y los boleritos.
La cicatriz nunca cicatriza.
El rio es bebido los viernes
por sus amigos. Salud, Pablito.
de Barranco, un portatropas bajo
el puente de los suspiros, a
mis camaradas los persiguen con
linternas, las botellas
se rompen y su liquido dibuja
un rio, donde un rostro
es amordazado con tres dientes
partidos y la introducción de
un paco de coca en el bolsillo.
Corre, corre, corre, por la izquierda,
por Tejada, por el Jorge Chávez,
llega a la catedral y
ocúltate en el confesionario,
corre, corre, corre.
Aló, ¿si?, mi hijo ¿Qué?
Señor, debe acercarse a la comisaria
Para ver como arreglamos el problemita.
Sí, sí, es solucionable.
Por su puesto, si usted coopera.
La madrugada es de toneladas,
las hematomas se afloran en el cuello,
la voz gorjea apagándose,
se abre la celda, un joven estudiante
muerto. El papá desesperado,
grita y raja el cielo negro,
llora y los grillos dan la espalda.
El vacío silencio de la carceleta
gradúa en un venoso ruido eléctrico.
Un shock. Fue suicidio, no está penado.
Su examen toxicológico salió negativo,
como el fallo de la primera sala penal.
Todo se va al tacho.
El fósforo y el mercurio,
una bomba en casa,
una granada de guerra en la mecedora,
un cartón de prozac en la tina.
Un embarazo fallido, el amigo
inteligente drogadicto.
Aaha, Dios no existe.
Aaha, Dios si existe.
La municipalidad pagará el sepelio,
el rito y la rabia furiosa
de los curiosos.
Unas trompetas; al año, su
arroz con pollo y los boleritos.
La cicatriz nunca cicatriza.
El rio es bebido los viernes
por sus amigos. Salud, Pablito.
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