Parofi
Poeta asiduo al portal
Vientos del sudoeste,
arraigan en mi exilio.
Quise flotar,
escurrir entre la brisa,
viajar a la llanura.
Pero el otoño fustiga,
fijando los tarugos
que danzan con la noche,
para violar los esternones
que recelan de la sombra.
Y allí,
por un instante,
creí ver un halo tamizarse,
entre cardúmenes inmemoriales
refrendaban la avenida,
¿serán las coplas granates?
¿serán las horas olvidadas?
Cielo,
¡ay, mi cielo!,
¿por qué zarpasteis a la hora
del asueto?
te supliqué alejaras el diluvio,
más fluyes
como gota entre los dedos.
¿Podrás alguna vez,
reflejar la blasfemia
del silencio?
Mejor busco cobijo
entre acopio de laureles,
allí no tronaran
las gacelas su desdicha,
y si el día me acompaña,
tal vez me sume a la bandada,
que ya emprende su viaje,
donde nadie las espera,
donde los rieles vagan,
sin un rumbo conocido...
arraigan en mi exilio.
Quise flotar,
escurrir entre la brisa,
viajar a la llanura.
Pero el otoño fustiga,
fijando los tarugos
que danzan con la noche,
para violar los esternones
que recelan de la sombra.
Y allí,
por un instante,
creí ver un halo tamizarse,
entre cardúmenes inmemoriales
refrendaban la avenida,
¿serán las coplas granates?
¿serán las horas olvidadas?
Cielo,
¡ay, mi cielo!,
¿por qué zarpasteis a la hora
del asueto?
te supliqué alejaras el diluvio,
más fluyes
como gota entre los dedos.
¿Podrás alguna vez,
reflejar la blasfemia
del silencio?
Mejor busco cobijo
entre acopio de laureles,
allí no tronaran
las gacelas su desdicha,
y si el día me acompaña,
tal vez me sume a la bandada,
que ya emprende su viaje,
donde nadie las espera,
donde los rieles vagan,
sin un rumbo conocido...