danie
solo un pensamiento...
El gaucho toca la guitarra,
compone acordes melodiosos
que brotan desde el alma,
recorrido cadencioso
que surca los campos
y trae calma.
Así, el gaucho tantea
a su segunda patrona a cual ama,
alivio de tristeza
y ensayo de una oda del alba.
Canta un enunciado movedizo,
que proviene de un ala herida;
tal vez un corazón roto
por su patrona
o por el pan no conseguido
durante la jornada atardecida.
Canta y desahoga la nostalgia, la pena,
la tosca hierba mala
que crece en el tálamo de su pecho,
que lo confina al llanto
y en un lluvioso día le quita el techo.
Yo admiro al gaucho argentino
por como aplaca el dolor que lo acalambra
con el simple acorde de una guitarra.
Yo, que no la sé tocar
de la forma que él lo hace,
con mis manos torpes
rompo un par de cuerdas
y no compongo nada;
admiro su maestría
para acariciar la melodía
que inunda los cielos con dichosa armonía,
que trae a los jilgueros
sobre la ventana de su ama.
Yo, admiro al gaucho argentino
porque despierto puede soñar
junto a su amada guitarra.
Yo, solo puedo dedicarme a mirarla
con la misma ansia
que a una mujer que es de todos
y que a mí se me negara.
Yo, no la puedo acortejar
por mi carencia de música
y mis clases nulas de vida.
Es mi destino un cruel servicio
dedicado a contemplar a los demás
y ver que en la vida hay astros
que son inalcanzables,
que aunque el río corra
a veces no llega al caudal,
que no por intentarlo muchas veces
se puede alcanzar a la meta,
y con eso hay que aprender a vivir,
con los sueños no logrados
o las vivencias no concebidas ,
pero seguiré intentando trepar
este duro balaustre que es vivir
por la insignificante esperanza
de lograr algún día
componer algo,
un simple acorde de guitarra.