legendario
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y busqué un pretexto
para despedirme;
la culpa imaginaria,
una entelequia de hechos,
cuernos de fantasía
quemándome las sienes
Ella y la roca lustrosa
de tantas posaderas,
mojada por la lluvia
cálida de sus ojos
Dos árboles testigos
de mi dolor ficticio
y un silencio de pájaros
tragando un lastimero canto;
patético final
Un edema en los párpados,
ojos perdidos,
desorden de pestañas;
manos sujetando un rostro
a punto de caer...
Labios temblorosos
bajo dos vertederos;
voz carcomida,
hecha saliva y sal...
Palabras mudas
dichas con la mirada,
maldiciendo el futuro
de mis días
Sentada en la roca
la vi alejarse
con el reojo de mi partida;
y se marchó
sentada allí, en la piedra
lustrosa de tantas posaderas
y lágrimas de adioses,
que aún recuerdo
tres décadas más tarde
para despedirme;
la culpa imaginaria,
una entelequia de hechos,
cuernos de fantasía
quemándome las sienes
Ella y la roca lustrosa
de tantas posaderas,
mojada por la lluvia
cálida de sus ojos
Dos árboles testigos
de mi dolor ficticio
y un silencio de pájaros
tragando un lastimero canto;
patético final
Un edema en los párpados,
ojos perdidos,
desorden de pestañas;
manos sujetando un rostro
a punto de caer...
Labios temblorosos
bajo dos vertederos;
voz carcomida,
hecha saliva y sal...
Palabras mudas
dichas con la mirada,
maldiciendo el futuro
de mis días
Sentada en la roca
la vi alejarse
con el reojo de mi partida;
y se marchó
sentada allí, en la piedra
lustrosa de tantas posaderas
y lágrimas de adioses,
que aún recuerdo
tres décadas más tarde
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